El escaño de María Jesús Montero en el Parlamento andaluz

Tomará posesión de su acta de diputada andaluza sea cual sea el resultado de las elecciones autonómicas

Desoye las voces que la llaman a trasladarse ya a Andalucía y responde doblando su presencia en la comunidad

Acto institucional en el Parlamento de Andalucía por el 28-F

María Jesús Montero junto a los alcaldes de Grazalema, Carlos García, y de Adamuz, Rafael Moreno, y el ministro Luis Planas delante del busto de Blas Infante en el Parlamento el 28F.
María Jesús Montero junto a los alcaldes de Grazalema, Carlos García, y de Adamuz, Rafael Moreno, y el ministro Luis Planas delante del busto de Blas Infante en el Parlamento el 28F. / David Arjona

08 de marzo 2026 - 06:00

La todavía vicepresidenta del Gobierno y número dos del PSOE federal estará sentada en los escaños del antiguo Hospital de las Cinco Llagas en la XIII Legislatura andaluza. Porque, sea cual sea el resultado de las elecciones autonómicas de junio, María Jesús Montero tomará posesión de su acta de diputada en el Parlamento autonómico. Es una decisión firme a pesar del revuelo que se ha generado sobre la misma en los últimos días. Un revuelo que, también es cierto, desde el PSOE andaluz tampoco han sabido muy bien como atajar. ¿Para evitar la polémica? ¿por falta de información?

Volverá así a los patios de un recinto que abandonó en 2018 cuando Pedro Sánchez la llamó a La Moncloa y que ha pisado desde entonces sólo en fiestas y celebraciones que han sido más un trago para ella que un motivo de júbilo.

La secretaria general del PSOE andaluz siempre ha defendido, y lo mantiene, que dejará el Ministerio de Hacienda y la vicepresidencia del Gobierno en el momento en que Juanma Moreno apriete el botón electoral; la ley impide que un cargo de un Gobierno de otra administración concurra a las elecciones de manera que una ministra no puede ir en las planchas de ningún partido. Saldrá del Gobierno pero no del Congreso. ¿Por qué? el motivo, la verdad, es más bien prosaico y tiene poco que ver con la política.

María Jesús Montero tiene su plaza de médico en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla de la que está en excedencia forzosa por cargo electo. Si dejase todas sus responsabilidades públicas, incluyendo el escaño en la Cámara Baja, tendría que solicitar bien el reingreso en su plaza bien la excedencia voluntaria, una situación administrativa complicada. Sobre todo porque no tiene ningún motivo legal para hacerlo: puede ser diputada en el Congreso y presentarse a las elecciones andaluzas. Una vez que se vaya a constituir la Cámara autonómica, deberá abandonar el Congreso, ya que ambos escaños son incompatibles.

Lo que sí es una decisión política es la de mantenerse en el Gobierno hasta el límite legal permitido. A pesar de las presiones de los independentistas catalanes, de las difíciles negociaciones para presentar los Presupuestos Generales del Estado por tercer año consecutivo sin conseguirlo por el momento, Montero piensa que le beneficia seguir siendo “la mujer con el mayor peso institucional de España” según recuerdan los socialistas andaluces cada vez que se les pregunta. Entienden que así defiende “mejor” los intereses de Andalucía.

Claro que no todos piensan igual. Hay voces críticas, muchas de sus paisanos, que consideran que debería centrarse en la campaña andaluza y duplicar su presencia en todo el territorio. Pilar Alegría, la ex ministra portavoz que se presentó en Aragón, adujo “falta de tiempo” tras el fracaso socialista en las elecciones del 8 de febrero a la Presidencia aragonesa. No quieren que vuelva a ocurrir o, al menos, que no sea esa la excusa. La respuesta de Montero es duplicar sus presencia en Andalucía. Y la prueba ha sido esta semana que acaba de terminar.

El lunes estuvo en Cantillana (Sevilla), el miércoles en Montoro (Córdoba), el vienes participó en la cumbre hispano-lusa en Huelva; el sábado presidió la entrega de los premios Clara Campoamor en San Fernando (Cádiz) y este domingo participará en la manifestación del 8 de marzo en Sevilla.

Está por ver si es posible que mantenga tantas citas en Andalucía, sobre todo teniendo en cuenta que al ser la número dos del Gobierno, tiene que sustituir al presidente Pedro Sánchez en numerosos actos. Eso además de comparecer en las sesiones de control del Congreso y de la actividad diaria del Ministerio de Hacienda.

Hay cierta preocupación en el PSOE andaluz por esa intensa actividad. Y a eso achacan sus últimos errores: cuando se refirió a las “lenguas andaluzas” en lugar de las “hablas” y cuando votó en contra de las ayudas a las víctimas de Adamuz, esta vez sin consecuencias porque había unanimidad en el Congreso para tramitarlas. Pero los dos casos han generado mucho ruido amplificado por el PP que, lógicamente, pone la lupa en la candidata socialista. De aquí en adelante la presión seguirá subiendo. La del PP. Pero también la de los ciudadanos.

La singularidad de los catalanes

La decisión compete exclusivamente a Salvador Illa y de momento no hay una estrategia al respecto. ¿La habrá en el futuro? El bastante difícil pero no imposible. El presidente de la Generalitat catalana convocará las elecciones autonómicas cuando considere más adecuado a sus intereses y esa fecha no es la de las andaluzas. Ni Salvador Illa ni María Jesús Montero han acordado que ambas citas sean el mismo día; tampoco Pedro Sánchez está en esa tesis del súperdomingo que algunas fuentes sí barajan. Los catalanes concurrirán a las urnas solos; ellos son singulares. Y Sánchez agotará la legislatura. O eso dice.

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