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Los apicultores de Jaén claman contra el fraude: “Nos pagan la miel a 3,30 y producirla cuesta más de 5 euros”

Denuncian que hasta el 80% del producto importado es sospechoso de no ser auténtica y lanzan una campaña para defender el consumo directo

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Javier Sanz, apicultor de Andújar y gerente de Miel de Lázaro.

En una tierra asociada casi de forma automática al olivar, hay otro sector que libra su propia batalla silenciosa: la apicultura. En sierras como la de Andújar o Segura, los productores alzan la voz ante lo que consideran una amenaza directa a su trabajo y al propio consumidor.

Javier Sanz, apicultor en la Sierra de Andújar, explica que muchos de los productos que se venden en los lineales de los supermercados “no llegan ni a ser miel”. Se tratan de jarabes o mezclas ultraprocesadas diseñadas para ocultar el origen y dificultar la detección de pólenes en los análisis.

El problema, asegura, no es solo técnico, sino también comercial. Los datos de importación reflejan la entrada masiva de miel procedente de China, aunque en las etiquetas rara vez aparece ese origen. La mercancía se triangula a través de terceros países —principalmente Portugal— antes de llegar al mercado español. El resultado es un producto que entra a precios de en torno a 0,80 euros el kilo, mientras que el coste mínimo de producción de un kilo de miel española de calidad supera ampliamente los 3,37 euros, una cifra que, según los apicultores, ya ha quedado desactualizada por el aumento de los costes.

Para ilustrarlo, Sanz recurre a una comparación gráfica. Vender jarabe como miel española “es como ponerle la estrella de un Mercedes a otro coche y cobrarlo al mismo precio”. A su juicio, se trata de “una estafa al consumidor y una estafa al productor”. La diferencia, insiste, no es solo de sabor, sino de propiedades y calidad. España, recuerda, produce una de las mieles mejor valoradas del mundo, pero sin un etiquetado claro que diferencie porcentajes y orígenes, competir se vuelve “imposible”.

Mieles producidas por apicultores de Jaén. / Judit Laguna

En este contexto, el único aval real para el comprador, afirma, es acudir directamente al productor. “La única garantía que tiene el consumidor en España es comprarle a un apicultor”, resume. Ni el diseño de la etiqueta ni la disposición en el lineal bastan, asegura, para distinguir una miel auténtica de una adulterada. Para ello, COAG ha preparado un listado de apicultores para facilitar a la ciudadanía la compra y fomentar el producto local.

A más de 150 kilómetros de las colmenas de Sanz, en Puente de Génave, Jesús Luna comparte la misma preocupación: “Vamos a luchar por nuestra miel, por nuestro negocio y por nuestra vida”. Denuncia que las grandes multinacionales están inundando el mercado con miel importada —que él también califica de jarabes— mientras las naves de los apicultores jiennenses permanecen llenas.

La apicultura en la provincia cuenta con cerca de cuarenta mil colmenas y alrededor de un centenar de profesionales. No es un sector tan visible como el del aceite de oliva, pero tiene un peso relevante en el medio rural y en la fijación de población. “Esto no es como tener ovejas o vacas; es difícil de llevar”, sentencia Luna. Y cuando el mercado se deprime por la competencia de bajo precio, el golpe es doble: económico y moral.

Concienciación

La protesta de los apicultores jiennenses ha dado un paso más con una jornada divulgativa en la calle: catas reivindicativas para que el consumidor pueda probar, distinguir y decidir con criterio.

En la capital, uno de los puntos elegidos dentro de una acción simultánea en 15 ciudades y pueblos del país, el responsable provincial de Apicultura de COAG Jaén, Tomás Torralba, explicó que el sector atraviesa una situación límite. Recordó que la propia Comisión Europea alertó de que un 80% de la miel importada analizada era sospechosa de no ser auténtica y que más de la mitad de la miel vendida en grandes superficies presentaba dudas sobre su pureza.

Un apicultor explica a una viandante las propiedades y características de la miel de Jaén. / Judit Laguna

La campaña busca precisamente combatir esa situación con información directa al consumidor. En la mesa instalada en la calle ofrecieron miel de apicultor junto a miel de supermercado para realizar una cata comparativa: "Es una llamada de socorro". Así, señaló que muchos apicultores ni siquiera están dando salida a la miel almacenada e incluso mostró el origen que marcaba el producto genérico: España, China, Ucrania y Argentina.

Para tranquilizar al consumidor, Torralba sentenció que "la mejor analítica es la organoléctica, probándola”, aunque también insistió en revisar el etiquetado y desconfiar de mezclas de países, donde —afirmó— "suele esconderse miel de origen dudoso".

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