A través de la cámara de Ramón en Ruta: “Es como si la gente caminara conmigo por los rincones de Jaén”
El ubetense recorre la provincia con calma y muestra sus municipios en vídeos de redes sociales
Imágenes captadas por el objetivo de Ramón en Ruta en Jaén
Caminar despacio por la provincia de Jaén y mostrar cada detalle es la manera de viajar de Ramón en Ruta. Detrás de este perfil en redes sociales no hay un creador de contenido al uso ni un viajero profesional, sino Ramón Carrasco, un padre de 41 años que recorre municipios y rutas con calma, observa con atención y graba con su cámara sin artificios. Natural de Úbeda, hace años decidió cambiar de vida y mudarse a El Molar. “Yo necesito tranquilidad. Aquí vivo casi aislado y eso me representa mucho”, explica.
Mientras retoma el Bachillerato de Humanidades, una cuenta pendiente desde hace tiempo, organiza su semana entre el estudio y las rutas, a las que dedica un par de días sin descuidar su vida familiar. Viajar y explorar municipios siempre le había gustado, pero durante mucho tiempo fue algo íntimo. “Nunca me había planteado enseñarlo ni mostrarlo a nadie, tampoco quería que fuera causa de interés”, reconoce.
Todo cambió con un vídeo grabado casi sin intención, enseñando un municipio de pasada. “Fue algo muy simple, grabado desde el coche, y tuvo una repercusión enorme. Pasé de tener vídeos con cien visitas a cuarenta o cincuenta mil”. Aquel momento le hizo replanteárselo. “Pensé: ¿por qué no mostrar cada vez que hago una ruta o voy a un pueblo un poco más a fondo?”. Sin experiencia previa, empezó a grabar y editar sin conocimientos técnicos. Aprendió poco a poco, puliendo los vídeos y documentándose más. “A la gente le gustaba cómo lo narraba, cómo lo enseñaba, y eso fue lo que me animó a seguir”.
Entre todas las rutas que ha realizado, hay una que recuerda con especial intensidad: la del refugio de Miramundos, en el Parque Natural de la Sierra Mágina. Fue su primera gran ruta de sierra, larga y exigente, y además la hizo completamente solo. “Me equivoqué de camino porque a cierta altura no hay apenas hitos y acabé en el Pico Mágina, que es el pico más alto de Jaén, ya completamente de noche”. Llevaba solo una linterna pequeña y poca experiencia. Caminó durante horas hasta encontrar el refugio. Cuando piensa en ese día, confiesa que se queda con lo esencial: “Al final solo se queda lo bueno, el recuerdo de la aventura”.
Aunque en los vídeos transmite serenidad, Ramón reconoce que la cámara le impone. “Soy una persona muy tímida, aunque no lo parezca”. El saludo a cámara es el momento más difícil. “Es lo peor del vídeo para mí. Me lo tengo que preparar y buscar un sitio donde no haya gente”. Admira a quienes hablan con soltura en mitad de una plaza. “Los envidio muchísimo. Yo hoy por hoy soy incapaz”. Sin embargo, cuando la cámara se apaga, la timidez desaparece. “En el trato diario no tengo problema. Voy por los pueblos y hablo con la gente con total normalidad”.
Al principio grababa casi a ciegas. “Por mi timidez no me atrevía a ir a un ayuntamiento o a una iglesia a pedir permiso para grabar”, explica. Por eso sus primeros vídeos se centraban en calles, plazas y parques. Con el tiempo empezó a planificar más, explorando previamente los pueblos y anotando los lugares de interés. Aun así, hay algo que nunca falta. “Siempre voy mostrando las calles, porque queda bonito y hace que el vídeo no sea demasiado frío”. Con el tiempo, ya se atreve a pedir permisos; incluso son muchos los municipios que contactan directamente con él para facilitarle la grabación.
Lo que más le emociona no son las cifras ni las visualizaciones, sino los mensajes que recibe, especialmente de personas mayores. “Mucha gente tuvo que emigrar hace muchísimos años y no puede volver a su pueblo”, cuenta. “Me dan las gracias por enseñar lugares a los que llevan media vida sin ir”. Cree que su forma de grabar es clave. “Es cercana, como si estuvieran caminando conmigo por los rincones de Jaén”.
Cada vídeo supone muchas horas de trabajo. “Grabar puede llevar seis horas. Editar, preparar el guion y meter el audio, unas diez más”. Y hay una norma que a pesar del tiempo no rompe. “Yo nunca quiero que nadie me invite a nada”. Cuando muestra panaderías, comercios, cooperativas o fábricas, lo hace únicamente para dar visibilidad a productos de la tierra. “Sin pedir nada a cambio”.
En un entorno dominado por la prisa, Ramón en ruta propone justo lo contrario: caminar despacio, mirar con atención y contar las historias desde dentro. Y, sin buscarlo, devolver a muchas personas a los lugares que creían perdidos.
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