Cerro Molina, a la espera de una solución para no perder su sede vecinal: “Tenemos que entregar la llave el 30 de junio”
El barrio teme quedarse sin el local donde imparten clases de baile y celebran fiestas si el Ayuntamiento no propone una alternativa
En Cerro Molina el tiempo se mide en días tachados del calendario. Cada día que pasa se acerca un poco más una fecha que los vecinos ya repiten de memoria: 30 de junio. Ese día, si nada cambia, la asociación cerrará la puerta de su sede por última vez. No habrá local. No habrá reuniones. No habrá lugar donde encontrarse. “Nos quitan la sede y nos quedamos en la calle”, resume Lola Cruz, presidenta de la asociación, a Jaén Hoy.
Durante quince años, ese espacio ha sido mucho más que un local. Allí se han dado clases, se han celebrado comidas, se han organizado fiestas y se ha tejido buena parte de la vida social del barrio. Pero el local nunca fue municipal. La sede, según explica Cruz, se levantó sobre un terreno privado, cedido en su día por un vecino. El Ayuntamiento de entonces, con Carmen Peñalver al frente, llegó a un acuerdo con la comunidad y construyó la sede en ese suelo. Una solución rápida que con el tiempo se convirtió en un problema enquistado. “Se hizo todo malamente: una obra pública en un suelo privado”, lamenta Cruz.
Según señala la presidenta de la asociación de vecinos, durante un tiempo, el Ayuntamiento pagó un alquiler al propietario del terreno. Cuando dejó de hacerlo, la situación estalló. "La deuda nunca se resolvió y el local acabó en manos del propietario del suelo, que accedió a cederlo gratuitamente durante cinco años a la nueva junta directiva de la asociación", indica. Ese plazo termina ahora. Y no habrá prórroga. “Nos ha dicho que no puede prestarlo más tiempo, que lo va a vender. El 30 de junio tenemos que sacar todo”, lamenta la presidenta.
El problema no es solo perder un espacio. Es perder la vida que ocurre dentro. En la sede se imparten cursos de la Universidad Popular, clases de pilates, sevillanas y zumba. Allí se organiza Halloween, Reyes, Navidad, las uvas de fin de año y buena parte de las fiestas del barrio. “Tenemos mesas, sillas, aire acondicionado, todo. Pero, sobre todo, contamos con muchas actividades a las que viene mucha gente”, añade Cruz. Sin local, todo eso desaparece.
Desde el Ayuntamiento, según relata la presidenta, reconocen la situación pero no ofrecen una solución concreta. La explicación se repite en cada reunión: “Cerro Molina aún no es suelo urbano y el consistorio no dispone allí de terrenos propios”. “Lo entendemos, pero mientras tanto que no nos dejen en la calle”, reclama Lola Cruz. Las propuestas de los vecinos son claras: un local alternativo, el alquiler de una nave, una caseta prefabricada, incluso un contenedor donde guardar el material. “No queremos una mansión. Pedimos una habitación para seguir existiendo e impartiendo nuestras clases”, insiste.
La incertidumbre se extiende también al calendario del barrio. Las fiestas de verano están previstas para el 23 de julio, apenas un mes después del desalojo. “No sabemos si podremos organizarlas, ni dónde guardar las cosas, ni dónde ensayar, ni dónde reunirnos como siempre hemos hecho”, explica la presidenta.
Desde noviembre, cuando se comunicó oficialmente que la cesión no continuaría, los vecinos esperan una respuesta. Ha habido reuniones y promesas de estudiar alternativas, pero el tiempo sigue corriendo. “Estamos en febrero y no sabemos nada. Solo sabemos que el 30 de junio tenemos que entregar la llave”, resume.
En Cerro Molina no piden privilegios. Piden una solución para no desaparecer. “Una asociación no son solo cuatro paredes, pero sin ellas es muy difícil sostener la vida social del barrio”, confiesa Lola Cruz.
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