Un comercio familiar convertido en una seña de identidad del centro de Jaén
Negocios con solera
Con casi un siglo de historia a sus espaldas, El Pósito Menaje vende confianza y décadas de experiencia a la capital del Santo Reino
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Hay tiendas que venden productos y otras que, sin proponérselo, acaban vendiendo memoria. En el corazón de Jaén, entre calles que han visto cambiar escaparates por persianas bajadas y comercios por bares, El Pósito Menaje resiste como un pequeño archivo vivo del día a día doméstico.
Javier Delgado junto con su hermano Eduardo atiende, aconseja y casi que saluda por su nombre a todo aquel que cruza la puerta. Su historia familiar empezó aquí en 1947, cuando su padre entró a trabajar y ya en el 81, se quedó con la propiedad del negocio. Ahora son sus hijos quienes sostienen el testigo. “Nos hemos criado aquí, básicamente”, resume a Jaén Hoy y no es una forma de hablar. Su infancia la han pasado entre sartenes y todo tipo de utensilios una vez subía la persiana.
El Pósito no es una tienda de paso, aunque también entre algún visitante a la capital del Santo Reino, sino que es, principalmente, uno de esos lugares al que una vez entras, vuelves: “La mayoría de nuestros clientes los conocemos de toda la vida”. Gente que no necesita mirar demasiado porque, ya busque nevera o un tostador, quien entra al establecimiento sabe que es sinónimo de calidad.
Y no solo en los propios productos, sino también en la atención al cliente. Si algo define al negocio es el consejo. Frente a la frialdad de los grandes almacenes, aquí el proceso es distinto. “La gente quiere que le asesores, que le orientes. Tú vas a una gran superficie y tienes que mirar si viene libre de PFA, si tiene teflón. Aquí la gente viene y se queda en tus manos”, explica e insiste en la importancia de la confianza, que no se improvisa, sino que se construye poco a poco durante décadas.
Otro de los puntos fuertes de El Pósito Menaje es el amplio abanico de artículos que poseen. Tal es así, que ninguno de los hermanos puede mencionar un producto estrella: “No te puedo decir una cosa en concreto que se venda más”. En ese “de todo” cabe casi la vida entera de una casa: lo que cocina, lo que guarda, lo que organiza o lo que facilita el día a día. El secreto no está solo en el surtido, sino en conocerlo y eso, tras casi 100 años de historia a sus espaldas, es fácil saber qué recomendar y a quién.
Como es normal, el paisaje de su alrededor ha cambiado desde su apertura. Lugares donde antes había comercios, ahora predominan terrazas o carteles de alquiler o venta. “Va quedando muy poco comercio en el centro”, lamenta Javier, para quien el principal problema son las trabas, la falta de facilidades para acceder o la dificultad para aparcar. “No están mirando por nosotros, no sé quién es el responsable, pero desde luego que están intentando cargarse el centro”, dice con franqueza. Y aún así, ahí siguen, con previsión de continuar.
Resistir y aguantar se ha convertido en un lema para los hermanos Delgado Carvajal. No hay épica en su tono, sino realismo. La idea de abrir cada mañana la puerta de un negocio histórico a esperar que entren los de siempre, quienes buscan calidad o consejo. Los que, sin saberlo, también buscan seguir formando parte de una historia que empezó hace casi un siglo y que, de momento, se sigue escribiendo tras el mostrador situado en la calle Pescadería.
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