Cristo Bermúdez, uno de los últimos hacheros de Jaén: “Conozco la sierra como si hubiera nacido ella”

Provincia

Desde los diez años aprendió el oficio de la madera que desempeñó durante temporadas en la Sierra de Segura, Cataluña y Los Pirineos

Cada año en Siles se realiza un concurso para recordar estas profesiones de la madera tan específicas de la zona

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Cristo Bermúdez, uno de los últimos hacheros de Jaén.
Cristo Bermúdez, uno de los últimos hacheros de Jaén.

La de Cristino Bermúdez (Cristo para su familia y amigos) es una de esas caras que los grandes logros históricos mantienen en la sombra. Uno de los especialistas necesarios para que en su día el río Guadalquivir (con el Segura también pasó) se llenase de troncos que navegaban en dirección a Sevilla. Esto ocurrió durante siglos, para la construcción de barcos, traviesas de ferrocarril o grandes edificios, entre otras muchas cosas, pero nuestro protagonista empezó en el oficio de hachero en la década de los años 50 cuando apenas había cumplido una década de edad.

“Yo aprendí sólo. Cuando tenía ocho o nueve años, venían hombres al cortijo en el que vivía, en la Sierra de Segura, a cortar pinos. Me iba con ellos y me llevaba un hacha y así fui aprendiendo”, explica sobre cómo se inició en un oficio hoy extinto, recordado sólo en las recreaciones que se realizan en pueblo como cada año. Es el homenaje que algunas localidades brindan a generaciones enteras que encontraron en la madera un trabajo estacional más.

Cristo Bermúdez actualmente.
Cristo Bermúdez actualmente.

“En Siles había varias cuadrillas que se dedicaban a esto, a pelar pinos. En nuestra época eran los guardas los que marcaban los que había que cortar. Las hacíamos una cuña, un corte para derramarlos hacia el lado que queríamos, que era siempre hacia el que se vencía el árbol. Ahí con una sierra de mano, de la que tiraban una persona por cada lado. Una vez que estaban en el suelo les quitábamos las ramas, que se las quedaban los leñadores, y después los ajorraores se llevaban con mulos los troncos hasta la orilla del Guadalquivir”, desgrana este hombre que hoy tiene 84 años edad y que recuerda que por entonces el caudal era mucho más abundante y que los gancheros viajaban con los troncos cauce abajo hasta donde los camiones ya podían recogerlos del agua. “Ellos los llevaban a la aserradora pero es que ahora hay carriles por todos lados pero antes no era así”, cuenta este retirado hachero serrano.

Relata que no era este un trabajo del que se pudiera vivir todo el año, de hecho él mismo llegó a trabajar en la construcción y recogió aceituna en las campañas de recolección. “Hacíamos lo que salía. También nos fuimos varias cuadrillas a Cataluña y Los Pirineos en verano y, cuando allí el tiempo impedía trabajar en la madera, nos veníamos a casa”, añade Cristino Bermúdez. Su hogar, a pesar de haber nacido en la localidad albaceteña de Yeste, siempre estuvo en Siles.

Llegó allí junto a su esposa Sagrario y junto a ella formó una familia en el corazón del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. “Conozco la sierra como si hubiese nacido en ella”, asegura este jiennense que lamenta que la edad no le permita participar en los concursos que en el municipio se hacen cada año. “Si pudiese todavía pelaba algún pino”, dice entre risas Cristo Bermúdez, uno de los últimos hacheros de Jaén.

Cristo y Sagrario.
Cristo y Sagrario.
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