Devoción en el besapié a Nuestro Padre Jesús: “Desde pequeño vengo con mis abuelos”
Miles de fieles forman una larga cola en la Carrera de Jesús para reencontrarse con el Nazareno de Jaén y buscar consuelo en un beso
La Cuaresma llena Jaén de triduos, vía crucis y besapiés: consulta la agenda completa
Paraguas en mano y la mirada puesta en el cielo. Así avanzaba el viernes la cola a las puertas del Camarín durante el besapié a Nuestro Padre Jesús. Los avisos de lluvia no frenaron a los miles de devotos que, desde el jueves, acuden al Santuario para participar en uno de los actos más íntimos de la devoción al Señor.
La escena se repetía una y otra vez en la Carrera de Jesús: mayores, jóvenes y niños esperaban pacientemente su turno para entrar. Algunos sostenían flores entre las manos, otros guardaban silencio. Todos compartían el mismo propósito: acercarse hasta la imagen y besar el talón de El Abuelo.
Entre las últimas personas que aguardaban en la fila estaba Lola Tejero, acompañada por dos amigas. Para ellas, acudir al besapié es una cita ineludible. “Venimos todos los años”, contaba mientras la cola avanzaba lentamente. “El año pasado pillamos un chaparrón aquí mismo, pero venimos igual. Aunque nos mojemos, venimos. Nuestro Padre Jesús es lo primero. Llevamos viniendo toda la vida”.
Unos metros más adelante esperaba José Manuel Cantero, promitente de la cofradía. Lleva ocho años en la hermandad y aún aguarda el momento de poder sacar a El Abuelo en procesión. “Estoy sacando a la Virgen de los Dolores hasta que pueda llevarlo. Me quedan tres años todavía”, explicaba. Mientras tanto, no falta a su cita con el besapié. “Llevo viniendo desde pequeño, con mi familia y con mi abuelo. Esto es devoción. Y aunque digan que va a llover, aquí estamos, con el paraguas en la mano y haciendo cola”.
Pero fue dentro del camarín donde la escena cambió por completo. El murmullo de la calle se apagó y dejó paso al recogimiento. Los devotos avanzaban lentamente, uno a uno, mientras la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno se hacía cada vez más cercana. Muchos no apartaban la mirada desde el momento en que entraban. Algunos rezaban en voz baja; otros simplemente lo contemplaban en silencio.
Había quienes juntaban las manos, quienes se santiguaban antes de acercarse o quienes permanecían unos segundos frente a Él, como si quisieran detener el tiempo. Entonces llegó el turno: el gesto sencillo de inclinarse y besar el talón del Nazareno, una tradición cargada de emoción en la que cada devoto depositaba sus promesas, agradecimientos o peticiones.
Al salir, algunos aún llevaban la emoción reflejada en el rostro. Andrea Godino, llegada desde Torredelcampo, reconocía que hacía tiempo que no acudía. “No suelo venir porque soy de fuera, pero me apetecía verlo”, decía. Tras el encuentro con la imagen, apenas pudo ponerlo en palabras: “Me emociona cada vez que lo veo… Me transmite cosas muy bonitas”.
Para otros, la relación con Nuestro Padre Jesús es constante. Juan López, cofrade durante muchos años, aseguraba que lo visita con frecuencia. “He sido hermano de luz durante bastante tiempo, aunque ahora por la edad lo he dejado un poco”, contaba. “Pero yo vengo todos los domingos, aunque caigan chuzos de punta”. Para él, el significado de la imagen era difícil de resumir. “El Abuelo para mí es todo: bondad, misericordia, amor… Me transmite paz. Yo hablo siempre con él”.
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