Un día en la Antártida con investigadores de Jaén: "Allí es alucinante ver donde está la ciencia hoy"

A pesar de las condiciones hostiles del medio en el que se desarrollaron las labores científicas, los investigadores lograron cumplir los objetivos programados

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Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida.
Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida. / Cedidas.

Isla Decepción es una caldera helada, el aire es diferente, gélido y con la densidad de la ceniza tocando siempre los pies en la quietud de un paisaje que parece casi detenido en el tiempo y que ayuda a investigadores del mundo. Es uno de los puntos más lejanos a su vez que inhóspito de España, en el enclave de la Antártida, hacia donde partieron durante un mes, a más de 12.000 kilómetros en Jaén, un equipo de cuatro investigadores de la Universidad de Jaén donde no todo el mundo puede acceder. Cada uno de ellos especializado en un área para poder llevar a cabo un trabajo a fondo sobre el terreno: Alfonso Ontiveros, catedrático de Física Aplicada; Isabel Abad, profesora de Minerología; Manuel Ureña, profesor del área de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría y Mario Sánchez-Gómez, profesor del departamento de Geología.

La isla, con forma de herradura ofrece un laboratorio natural único, casi prístino y con apenas intervención humana, lo que resulta un factor exponencialmente favorable a acercarse a los resultados, por eso allí. Tras un viaje de varios días y salida en el barco Hespérides desde la Patagonia chilena, con alguna medicación en el cuerpo para sobrellevar las tempestedes del mar del estrecho de Drake, llegan a una de las pocas bases que habitan el territorio, la base Gabriel de Castilla del Ejército Español. “Algunos investigadores comparan la isla Decepción con Marte. Es un terreno volcánico, hay hielo bajo el suelo y hay que prever cada detalle como si estuviéramos en otro planeta”, cuenta Ureña.

La jornada empieza la tarde anterior para llevar a cabo un trabajo que tiene su aplicación en momentos actuales los deslizamiento de laderas o las avalanchas o flujos de lodo y escombros volcánicos que descienden rápidamente por las laderas de un volcán, analizan sobre el terreno los materiales más susceptibles ante inestabilidades de ladera. "En la actualidad estamos ante una crisis en este aspecto, se han cortado hasta numerosas carreteras, que también estamos trabajando en ellos O sea que los deslizamientos están al orden del día e investigar sobre esto puede prevenir donde hay que actuar en el futuro", explica Sánchez.

"Antes de programar a dónde íbamos a ir y demás, necesitábamos el pronóstico meteorológico para el día siguiente. Allí hay un equipo de la Agencia Española de Meteorología que todos los días a las bases les comparte el parte del día siguiente, porque lo primero es saber si puedes salir de la base. Es fundamental allí, si te va a llover o no o el viento”, cuenta Abad. La sensación térmica es de -10 grados, pero los vientos pueden superar fácilmente los 100 kilómetros por hora. La logística depende completamente del clima: “Había sitios a los que íbamos andando y sitios dentro de la isla, que nos desplazábamos con embarcación. Esto tiene que estar tranquilo, que no haya demasiado viento y que la embarcación con los militares nos pueda llevar. Eso es lo primero”, añade.

Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida.
Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida. / Cedidas.

El comandante de la base se reúne con los investigadores principales para planificar la jornada, quién necesita apoyo militar, qué embarcaciones se usarán y qué áreas se visitarán. Cada salida es cuidadosamente coordinada y depende del pronóstico meteorológico y del estado de la isla. A primera hora de la mañana, los investigadores se visten con los trajes 'viking' de varios kilos, voluminosos, pesados y diseñados para soportar la inmersión en aguas heladas.

“Para las salidas no puedes ir a dar un paseo tan fácilmente, hay que pensar qué ropa llevas, las tres capas, qué meter en la bolsa estanca. Cuando bajábamos del barco, aunque íbamos con gafas de ventisca, gorro y guantes, al llegar muy probablemente las olas te hayan mojado los guantes, el gorro, la braga, y tienes que quitarte ropa mojada y cambiarte al llegar al punto de destino”, explica Abad.

Además, por seguridad, siempre se encuentran localizados a través del walkie y deben de dar parte de donde se encuentran. "Te puede dar hipotermia en minutos. No obstante, hay lugares donde no hace falta ir con compañía militar porque podemos ir andando, nos rastrean por GPS y saben dónde estamos”, expresa Sánchez.

Una vez equipados, suben a las zódiacs y atraviesan las aguas gélidas. La sensación es extrema, silencio helado, el viento cortando la piel y la emoción de estar en un lugar donde muy pocos humanos han estado. Al pisar tierra de nuevo, empieza la rutina científica. La isla está bien cartografiada, pero el terreno cambia constantemente por glaciares, nevadas y flujos de ceniza. “Ahí hay un problema adicional que tardé años en darme cuenta, no siempre está descubierto de nieve. Crees que estás muestreando suelo volcánico y, al excavar, te encuentras hielo. Esa muestra está transportada por un glaciar, no es la que pone el mapa”, explica Sánchez.

Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida.
Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) en la Antártida. / Cedidas.

Se dividen en equipos para recoger muestras representativas de cada unidad geológica, incluyendo zonas con materia orgánica y áreas cercanas a los lagos de la isla. Abad detalla cómo se realiza el trabajo: “Hemos tomado muestras húmedas que luego transportamos y secamos. Después las molemos en mortero de ágata para llevar a cabo una caracterización mineralógica mediante difracción de rayos X y microscopio electrónico de barrido. Además, hacemos análisis químicos para determinar los elementos mayoritarios y trazas de las rocas”.

El catedrático añade la perspectiva aplicada de la investigación. “Nosotros analizamos las propiedades microscópicas de las partículas para entender su comportamiento macroscópico. Lo que pretendemos es prever deslizamientos. Actualmente en España estamos en una crisis de deslizamientos, carreteras cortadas, lluvias intensas, y nuestro estudio puede ayudar a anticipar qué laderas son más susceptibles a moverse”, cuenta Ontiveros.

El trabajo combina teoría y práctica. Ureña, especialista en modelado y cartografía, utiliza escáneres láser y fotogrametría para crear nubes de puntos y levantar mapas precisos de las laderas. Colocan un trípode con el escáner, capturan distancias y fotografías desde varias posiciones, y luego unen los datos con coordenadas GPS para localizar todo con precisión. Esto les permite interpretar mejor los efectos de posibles deslizamientos.

La vida en la base

Aunque no todo el trabajo se lo lleva la tierra volcánica, la rutina se ve interrumpida por conferencias internas entre los distintos gurpos de científicos que comparten avances, a los propios militares y videoconferencias con colegios para divulgar también su trabajo. Allí durante un mes son todos una pequeña familia. "Desde el punto de vista militar, no se contrata a personal de limpieza nunca. Entonces, hay un día donde todos hacemos toda la limpieza. Siempre teníamos asignado un día a la semana. Un día te toca quedarte allí trabajando y limpiando, haciendo la comida, fregando, poniendo el desayuno. Se quedaba un militar y un científico", cuenta Sánchez.

La Antártida como laboratorio natural

Abad reflexiona sobre la elección de la Antártida para este proyecto: “Es un laboratorio natural excepcional. No hay actividad antrópica, poca vegetación y puedes controlar mejor las variables que afectan al estudio de las cenizas volcánicas”. Ontiveros explica que todas las variables que pueden afectar a las propiedades que estudian en cualquier otro lugar no se puede comparar con la Antártida, "si de normal hay que tener en cuenta 50.000 variables, se quedan en 50. La ciencia adquiere otra dimensión en este entorno”, señala.

El estudio de la ceniza en Decepción tiene implicaciones directas en España y en otras regiones volcánicas como Canarias. “Las propiedades microscópicas determinan si un terreno se moviliza o no. La aplicabilidad es amplia”. “La Antártida es algo especial. Te olvidas de todo. Conoces gente extraordinaria y allí es alucinante ver dónde está la ciencia hoy. Todo esfuerzo científico adquiere magnitud y sentido en un lugar así”, concluye Ontiveros.

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