La Estación de Autobuses de Jaén: ¿Icono del Racionalismo o un escombro interesado para destruir nuestro pasado?

TRIBUNA

El edificio junto al Hotel Rey Fernando, inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, se enfrenta al abandono y a las voces que piden su demolición. Un recorrido por la obra de Severiano Sánchez Ballesta y Luis de la Peña que definió la modernidad de la capital

Estado actual de la estación de autobuses de Jaén, en imágenes
Estado actual de la estación de autobuses de Jaén, en imágenes / Esther Garrido
José Antonio Mesa Beltrán
- Doctor en patrimonio interuniversitario

Jaén, 18 de febrero 2026 - 06:00

La Estación de Autobuses de Jaén no es solo un lugar de paso de centenares de personas, sino que también es un testigo mudo de la transformación urbana de la ciudad. Sin embargo, hoy su silueta racionalista se levanta entre la polémica creada por personas insensibles al patrimonio arquitectónico de la ciudad. Es decir, mientras el deterioro avanza, el debate ciudadano se divide: ¿Es un estorbo arquitectónico que bloquea el crecimiento del centro o un tesoro que debemos salvar de la piqueta?

Una joya de vanguardia en la posguerra

A menudo se ha atribuido erróneamente su diseño a otros nombres del urbanismo local, como bien refiere el estudio de Quesada García & Casuso Quesada (2006), pero la realidad histórica es más precisa. El proyecto original, fechado en 1941, nació de la mano de los arquitectos Segundo Sánchez Ballesta y Luis de la Peña Hickman, bajo la dirección de obra de Antonio Querejeta. No obstante, el edificio no será inaugurado hasta el año 1949, capturando el noticiario cinematográfico del NO-DO, número 364-A (26/12/1949), el momento de la circulación de los pequeños autobuses.

En un momento en el que España aún se refugiaba en estilos regionalistas y pesados, estos arquitectos apostaron por el Movimiento Moderno. La estación fue la segunda de su tipo en Andalucía y trajo a Jaén una estética de líneas limpias, funcionalidad extrema y una elegancia despojada de ornamentos innecesarios.

El Hotel Rey Fernando: El corazón social

No era solo una estación. El complejo integraba el emblemático Hotel Rey Fernando, que durante décadas fue el epicentro de la vida social jiennense. Su torre del reloj y su gran marquesina volada no solo servían para resguardar a los viajeros, sino que estos elementos siguen siendo símbolos de una ciudad que quiere mirar al futuro y conectarse con el resto del país.

A la espera de ser declarado BIC: Protección frente al olvido

En el año 2006, la Junta de Andalucía blindó el edificio incluyéndolo en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, sin ser Bien de Interés Cultural (BIC). Esta distinción no fue un capricho, sino que se debe a que la Estación de Autobuses de Jaén es uno de los ejemplos más puros de arquitectura racionalista en el sur de España, reconocida incluso por la fundación internacional Docomomo.

A pesar de esta protección legal, el edificio sufre lo que muchos expertos denominan "demolición por abandono". La falta de mantenimiento y el cese de su uso original han alimentado el discurso de quienes ven en su derribo una oportunidad para "oxigenar" la zona centro.

En resumen, el patrimonio de Jaén no es solo la Catedral o los castillos, sino que también la arquitectura del siglo XX es la que explica nuestra historia más reciente. Perder la estación sería amputar la memoria moderna de nuestra ciudad, tal como ya ha pasado con los cines de invierno y verano que se distribuían por los distintos barrios de la capital.

¿Rehabilitación o piqueta?

El desafío actual no es decidir si el edificio tiene valor —la ley ya dice que lo tiene— sino cómo integrarlo en el Jaén del siglo XXI. El proyecto para convertir este espacio en un centro de ocio y gastronómico sigue sobre la mesa, una solución que permitiría conservar la envolvente arquitectónica, especialmente, la marquesina con una luz de 9,50 m desde el vestíbulo, mientras se le dota de una nueva vida económica.

En definitiva, la sostenibilidad urbana dicta que el edificio más ecológico es aquel que ya está construido. Derribar una estructura de este calibre, para generar toneladas de escombros y construir desde cero, nos parece ir en contra de los tiempos actuales.

Un futuro en el aire

La Estación de Autobuses se encuentra en una encrucijada por culpa de todos nosotros, no solo los políticos. La decisión que se tome definirá qué tipo de ciudad quiere ser Jaén capital: una que respeta su evolución histórica o una que borra sus huellas ante la primera señal de grietas. Por ahora, el gigante racionalista espera, bajo su vieja marquesina —emparentada con la del Hipódromo de la Zarzuela (Madrid)—, a que la ciudad decida si vuelve a subir a bordo del progreso o si, por el contrario, lo deja marchar para siempre como tantos otros inmuebles.

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