La Fuente del Pato de Jaén: historia, réplicas y un símbolo masónico oculto

Jaén Retro

Fuente del Pato y Jerónimo Tomás y Genovés.

En el antiguo barrio de La Magdalena de Jaén, custodiando la entrada a los milenarios Baños Árabes, se alza una fuente que es mucho más que un ornamento urbano. Conocida popularmente como la Fuente del Pato, esta escultura centenaria de bronce es un testigo de la historia, un viajero con múltiples réplicas y, quizás, la clave de un mensaje cifrado que ha sobrevivido más de un siglo a plena luz del día.

Un viajero con historia

La historia de esta fuente se remonta a 1892, cuando fue encargada durante el mandato del alcalde José del Prado y Palacio. Al igual que muchas de su época, fue producto de la fiebre ornamental que transformó las plazas en auténticos salones públicos: las fuentes ya no solo servían para abastecer de agua, sino que también embellecían el espacio. Su periplo urbano comenzó en los jardines de la plaza del Mercado (también conocida como Deán Mazas), donde permaneció hasta 1931. Ese año, la construcción del edificio de la Delegación de Hacienda motivó su traslado a su ubicación actual: la plaza de Santa María Luisa de Marillac.

Fuente del Pato en su antigua ubicación en la plaza del Deán Mazas.

Pero aquí emerge el primer dato inquietante: la fuente de Jaén no es única. Es un eslabón en una cadena. Su matriz, la auténtica, nació en Madrid 67 años antes, en 1825. Fue obra del escultor cordobés Jerónimo Tomás y Genovés (1793-1848), segundo escultor de cámara del rey Carlos IV. Se llamaba "Fuente del Cisne" y tuvo una vida itinerante: primero el convento de San Felipe el Real, luego en la madrileña plaza de Santa Ana, hasta su desaparición sin rastro en 1914.

1- Fuente del Pato. Antiguos jardines de la Plaza Deán Mazas. Jaén. 2 - Fuente del Cisne. Plaza Santa Ana. Madrid. 3 - Pava de la Balsa. Águilas (Murcia). 4 - Fuente del Cisne. Almodóvar del Campo (Ciudad Real).

El viaje de una sombra: réplicas que no son casualidad

Esta fuente madre, perdida, engendró al menos tres réplicas idénticas, formando una constelación sospechosa:

1. En Águilas (Murcia): Llegó en 1895 desde Madrid, fundida en hierro. Los aguileños la bautizaron como “La Pava de la Balsa”, integrándola tan profundamente en su idiosincrasia que acuñaron el dicho: “Tienes más años que la Pava de la Balsa”.

2. En Almodóvar del Campo (Ciudad Real): Preside el Jardín Municipal bajo el equívoco nombre de “Fuente de la Oca o del Cisne”.

3. En Jaén: Nuestra fuente, la réplica de 1892, heredó el enigma.

Esta tríada dispersa no es un capricho del azar ni del catálogo de una fundición. Es la primera evidencia material de un patrón. Alguien, o algún grupo, quiso plantar el mismo símbolo en puntos estratégicos.

Iconografía en clave: la lucha del cisne y la serpiente

La escultura representa, con un realismo naturalista, un ave acuática —un cisne o un pato— en lucha dinámica con una serpiente que se enrosca alrededor de su cuello y cuerpo, sobre un pedestal de rocalla. Pero aquí nada es lo que parece.

Para los estudiosos del simbolismo, la escena es un código visual:

· La serpiente: uno de los símbolos más universales. Representa el conocimiento (asociado a Sofía, la diosa griega de la sabiduría), la regeneración y, en un sentido más amplio, las fuerzas telúricas y primigenias. En el contexto masónico e ilustrado, simboliza la luz de la razón que lucha por abrirse paso.

· El ave (cisne/pato): animal vinculado al agua, elemento de purificación y emociones. En esta lucha, podría encarnar las fuerzas tradicionales, emocionales o incluso la ignorancia que intentan someter al conocimiento (la serpiente). También se interpreta como el espíritu que domina a la materia serpenteante.

La composición sería, por tanto, una alegoría de la eterna lucha entre la ignorancia y el saber, entre la tradición oscurantista y la luz de la razón ilustrada. Un mensaje que encajaba perfectamente con los ideales de progreso, educación y libertad de pensamiento que promulgaba la masonería del siglo XIX.

Contexto histórico: la huella discreta de la sociedad secreta

Este simbolismo cobra un sentido perturbador al revisar la historia local. Durante el último cuarto del siglo XIX, la época en que se instalaron estas fuentes, existían logias masónicas activas e influyentes tanto en Águilas como en Jaén.

No se trataba de grupos marginales. Entre sus miembros se contaban industriales, políticos y miembros de la élite local y provincial, con capacidad para influir en la ornamentación urbana. La instalación de estas fuentes idénticas en las plazas públicas principales podría interpretarse, por tanto, como una práctica de "ocupación simbólica" del espacio cívico.

Era una forma de marcar territorio de manera discreta pero elocuente; un guiño para los iniciados que pasaran por allí y un símbolo de su influencia para el resto de la comunidad, aunque esta no comprendiera su significado profundo. Una exhibición de poder cultural cifrado.

Fuente del Pato en su actual ubicación en la plaza de Santa María Luisa de Marillac.

Conclusión: el susurro del bronce

La Fuente del Pato de Jaén es, por tanto, mucho más que un mueble urbano. Es un objeto de una densidad histórica y simbólica cuyas capas revelan una narrativa profunda:

1. Capa material: Testimonio de una época (el siglo XIX ornamental), una técnica (la fundición seriada) y la memoria del urbanismo (sus traslados y supervivencia).

2. Capa Geográfica: Nodo de una red de fuentes gemelas, cuyo misterio de réplicas exige una explicación que va más allá del mero comercio industrial.

3. Capa Esotérica: Portadora de un mensaje cifrado; símbolo silencioso de la batalla ideológica entre la Ilustración y el Antiguo Régimen, entre la razón y la tradición, forjada en las logias y materializada, con discreción, en el espacio público.

Hoy, bajo el sol jiennense, el pato y la serpiente siguen en su combate eterno. La fuente ya apenas mana agua, pero mana misterio. Nos invita a preguntarnos cuántos símbolos similares, cuántos mensajes de otras sociedades, épocas o creencias, habitan a plena vista en nuestras ciudades, esperando a que alguien aprenda a leer el susurro del bronce.

El enigma, como la serpiente, sigue enroscado. A la vista de todos.

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