Lo de Rufián, que le 'duele España'

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El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, atiende a la prensa durante el pleno del Congreso de los Diputados, este martes en Madrid.
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, atiende a la prensa durante el pleno del Congreso de los Diputados, este martes en Madrid. / EFE/ Mariscal

Será el agua de Madrid, cinco estrellas como la Mahou, la que ha propiciado una conversión, una transmutación que ríete tú de los milagros de las aguas embotelladas en Fátima. Un hombre antes comprometido sólo con su causa cerril, que puso fecha de caducidad a su paso por la pestilente Corte madrileña, que andaba los días ensimismado extrayendo la pelusa del ombligo independentista, que repartía carnés de buenos catalanes y que miraba al resto de españoles como si hubiera inventado el fuego; pues a ese zagal, ahora, como a Unamuno, le duele España. No podemos calibrar cuánto, pero escenifica que es lo suficientemente intensa la dolencia como para quemarse en el caldero de sus propias redes, que lo rechacen los suyos y hasta que su propio partido piense en cómo amortizar la pieza. Todo sea por España; con este paso firme le queda un tris para jurar bandera. No, lo anterior es una chanza; que este exégeta de la patria catalana no pretende renunciar a su ideario, sólo adaptarlo a las circunstancias de la izquierda más allá del PSOE y cabe preguntarse, con maldad, si a sus propias circunstancias. 

Su sentimiento regeneracionista del país no tiene el poso del escritor y filósofo, digamos que su preocupación es más cortoplacista, aunque tiene, a priori, un buen campo de batalla como es luchar contra la ultraderecha. Esa es la presunta idea primigenia por la que Gabriel Rufián, antes agitador independentista, está dispuesto a hacernos un favor y abanderar a un votante de izquierda y ultraizquierda huérfano de pastor.   

Se ha dado cuenta, como en una epifanía, de que la clase trabajadora de Cornellá y de Vallecas es la misma, aunque, en el país que pretendía construir, los segundos lo tuvieran bastante jodido. Pero pelillos a la mar, “qué bien habla el prenda”.  

El hombre y la tierra que pisa. Atrás quedaron las camisetas reivindicativas, un estilo para conectar con las bases; ya no abusa de las performances en el Congreso, como si estuviera en aula de teatro de Lavapiés, ahora se centra en la prosodia, en la palabra y el tempo justo; lo hace muy bien. Ha madurado en el escenario y se le nota, no hay temporada en la que no gane un premio parlamentario. Es ocurrente, mordaz y dice algunas verdades incómodas que, a algunos, les hacen olvidar las otrora barbaridades que durante tantos años proclamó ufano y las iniciativas políticas radicales que apoyó, ahora pretende acotar su discurso, contextualizar todos los improperios, por un bien mayor.  

Estamos asistiendo a la ‘deconstrucción’ de un macho alfa independentista, en directo, a golpe de titular taimado, una cronología de un cambio que va de lo físico a lo intelectual. Reconozcamos que le sienta bien España a Rufián y encuentra en los medios de comunicación un ecosistema único. Su poder vino de las bases de extrarradio y ahora lo mantiene en las redes sociales donde no tiene rival, bro. De hecho, lleva un tiempo en el que la caída de popularidad en su terruño es inversamente proporcional al estrellato mediático y tuitero de la meseta. Su voz  es una autoridad en una izquierda en busca de autor y, por descabellado que pareciera, está dispuesto a liderar una candidatura nacional, un cajón de sastre donde tuviera cabida desde el movimiento obrero andaluz, ideólogos de la Complutense y la nueva fachada de Bildu. El realismo mágico del independentismo en España escribe un nuevo capítulo y ni tan siquiera el paisano David Uclés podría poner orden a narración tan atropellada.

De follonero a un gentleman catalán, como recién salido de una sesión de ‘Vogue’, como si fuera a aparcar en el barrio de Salamanca tras su paso por el Congreso; impecable en casi todo, si no fuera por su hemeroteca, por su clasismo ideológico. Pero en este país desmemoriado por querencia, qué importancia tiene esto; lo importante es el tuit de hoy. Y, en este momento, este primo lejano está en su prime.

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