"Hay un cuarto de lodo y olivares arrasados": Los agricultores de Jaén califican de "desastre" la campaña

A pesar de que se preveía una buena cosecha, muchos olivareros se han quedado con la mitad de la aceituna sin recoger y los daños se han notado especialmente en las vegas de los ríos y en la campiña

Una veintena de alcaldes de Jaén lleva la voz de los agricultores a Bruselas

VILLANUEVA DE LA REINA. Aceituna en el suelo de un olivar, tirada por el viento y la lluvia.
VILLANUEVA DE LA REINA. Aceituna en el suelo de un olivar, tirada por el viento y la lluvia. / Antonio Almagro.

“El río ha arrancado olivos, deja un metro de lodo que produce asfixia radicular y se van a secar. Es un desastre total”, cuenta Cándido Medina a Jaén Hoy metido en faena desde el campo, intentando acceder a las fincas para recoger lo poco que pueda valer. Las lluvias persistentes desde diciembre y las últimas borrascas han dejado a medias la campaña de recogida de la aceituna en la provincia de Jaén y han provocado pérdidas que, en muchos casos, rondan el 50 % de la cosecha. Así lo reflejan los últimos datos de la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) y lo confirman los testimonios de agricultores que aún no han podido terminar la recolección.

Según los datos consultados por organizaciones agrarias, a 31 de enero solo se había recogido en Jaén en torno al 60 % de la producción prevista en el aforo. A nivel nacional, se habían producido 1.044.116 toneladas de aceite, 190.452 menos que el año pasado. Mientras tanto, gran parte de la aceituna permanece en el suelo y el barro dificulta, cuando no impiden los destrozos en caminos rurales y los propios terrenos, el acceso a las explotaciones.

No hemos llegado ni al 50 % de lo que cogíamos

Antonio Tello, agricultor con olivar en varias zonas de la provincia, explica que las lluvias le sorprendieron cuando llevaba recogido aproximadamente el 50 % de su cosecha. “Me ha afectado mucho. La pérdida de cosecha y la recolección se está ralentizando muchísimo más. Me pilló más o menos a mitad”, relata.

En algunas de sus fincas, especialmente en la zona de campiña de Fuerte del Rey, el impacto ha sido devastador. “En fincas hay un 90 % de aceituna en el suelo y enterrada, que no se puede recoger de ninguna forma, casi el 30 %, de lo que quedaba está totalmente hincada. Vamos con rastrillos intentando sacar lo que podemos salvar, pero no cogemos ni el 50 % de lo que cogíamos”, cuenta.

Aceituna en el barro.
Aceituna en el barro. / Cedida.

La situación no solo afecta a la cantidad, sino también a la calidad. “La aceituna está podrida, huele hasta el remolque”, lamenta. Entre la pérdida de peso, el fruto arrastrado por los arroyos y la aceituna enterrada en el barro, calcula que económicamente ha perdido la mitad de lo que quedaba por recolectar. “Yo nunca en mi vida lo he visto ni lo he vivido esto”, afirma.

La única salida que vislumbra es esperar a la siguiente campaña y recoger lo poco que puedan de esta, al menos para cubrir algunos costes, en un año que, recuerda, “venía muy bueno, próximo al del año pasado”.

Desbordamientos y olivares arrasados

La situación descrita por Medina, agricultor con explotaciones en la vega de Villanueva de la Reina, Andújar y Linares, es aún más compleja. “A mí me ha pasado todo lo que podía pasar”, resume.

El desbordamiento del río Guadalquivir afectó a fincas de olivar intensivo y superintensivo en la vega de Villanueva de la Reina y Andújar. El río Guadiel también se salió de su cauce en Linares, anegando olivares tradicionales que aún no se habían recolectado. “Se ha llevado la aceituna y ha dejado una cuarta de lodo por parejo”, explica.

En las campiñas la aceituna se ha hincado en el suelo y resulta imposible recolectarla. “Eso ya se ha perdido”, sentencia. A ello se suman cárcavas que dejan las raíces al descubierto, regajos y profundas rajas en el terreno que dificultan el tránsito, así como caminos intransitables que impiden incluso evaluar los daños. “Hay muchas fincas a las que todavía no podemos entrar porque están arreglando los caminos”, señala, destacando la movilización de ayuntamientos como los de Villanueva de la Reina, Jabalquinto o Cazalilla para permitir al menos el acceso.

Zonas de cultivo anegadas por el río.
Zonas de cultivo anegadas por el río. / Cedida.

En la zona que describe, quedaba en torno a un 40 % por recolectar, principalmente en tierras de campiña, donde la lluvia comenzó a entorpecer la campaña en diciembre y terminó por paralizarla en enero. “Nos ha afectado lo más complicado”, resume. Además de la aceituna perdida, teme por la supervivencia de algunos árboles. “El río te arranca los olivos, te deja un metro de lodo que produce asfixia radicular y se van a secar. Es un desastre total”, afirma.

Debate sobre el aforo y el mercado

Desde las organizaciones agrarias, el balance es dispar. En COAG se advierte de que “cada día que pasa hay menos aceite del previsto” y se considera que el aforo no se cumplirá, especialmente en Jaén, donde algunos cálculos sitúan el techo en torno a las 400.000 toneladas frente a las 475.000 inicialmente estimadas.

Por su parte, Asaja considera que, pese al mes y medio prácticamente perdido por las lluvias y a las pérdidas por caída de fruto, aún es factible acercarse al aforo nacional previsto en 1.370.000 toneladas si el tiempo permite retomar las labores.

Aceituna enterrada.
Aceituna enterrada. / Cedida.

Desde UPA se destaca el buen ritmo de comercialización en los primeros meses de campaña, con una tendencia al alza en los precios en origen, lo que podría contribuir a mantener la rentabilidad, especialmente en el olivar tradicional.

Sin embargo, sobre el terreno, la incertidumbre es máxima. Con buena parte de la aceituna en el suelo, enterrada en el barro o arrastrada por los arroyos, y con explotaciones aún inaccesibles, muchos agricultores ya saben que cuando puedan entrar definitivamente en sus fincas se confirmará una merma muy por debajo de las previsiones iniciales. Para Antonio y Medina, más allá de los datos globales, la realidad es intentar salvar lo poco que queda y empezar a pensar ya en la próxima campaña porque en esta no se cumplirá el aforo, a pesar de que venía una buena campaña.

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