La histórica resistencia de los mercados de abastos de Jaén: "Tenemos competencia, pero cuando quieren algo bueno, vienen aquí"
Los vendedores de San Francisco y Peñamefécit cuentan décadas de cambios, sacrificio y resistencia frente a las grandes superficies
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Hubo un tiempo en el que Jaén despertaba antes del amanecer para ir a comprar. A las cuatro y media de la madrugada, con las puertas aún cerradas, ya había movimiento dentro del Mercado de San Francisco y clientes esperando fuera. A día de hoy, tanto en el mercado de abastos del centro y en Peñamefécit, ese ritmo ha cambiado, pero no ha perdido su esencia.
“Desde las cinco de la mañana estamos trabajando”, cuenta José Alfonso Siles, desde Pedro Siles de embutidos y jamones. Deshacer género, preparar encargos, dejarlo todo listo para que a primera hora el mercado huela a producto fresco y de calidad. Una rutina compartida durante décadas por carniceros, pescaderos, fruteros y polleros.
Antes, recuerdan, la gente madrugaba más. “Había colas esperando a que abrieran las puertas”, rememora Gema López, de Pollería Lola, un negocio que pasó de madre a hija -como ha sido habitual en la mayoría de negocios instalados en estos recintos- en los años 80. Aquella imagen se fue diluyendo con la llegada de los supermercados en los años 90, cuando cambiaron las formas de comprar y también de cocinar. “Antes se llevaba el pollo entero y lo aprovechaban todo, ahora lo quieren todo fileteado, preparado, listo para llevar”, aclara a Jaén Hoy.
La competencia de las grandes superficies es una constante en todas las conversaciones. No tanto por el precio, sino más por la comodidad, pero la comparación termina ahí. “En calidad no nos ganan. En carne, pescado, embutidos o pollo: no hay quien gane al mercado. Aquí sabes lo que compras, cómo está y de dónde viene, te recomiendan, te lo enseñan, te dan a probar y no solo lees una etiqueta”, apunta Siles.
Ese conocimiento del producto va de la mano del trato cercano. En los mercados, comprar sigue siendo una conversación, donde el cliente agradece que lo conozcan y que le den charla. Mari Carmen Peña y Mari Carmen Galián, madre e hija al frente de Frutas y Verduras Galián desde 1970: “Muchas veces no solo vendes fruta, sino que haces de psicóloga porque la gente te cuenta su vida y eso no lo cambia nada”. Y es que el vínculo que se crea entre los vendedores y quienes acuden allí a diario es más estrecho de lo que parece. Francisca Gómez, cuyo hijo regenta en la actualidad Pollería Felipe, lo ha sentido en sus propias carnes. Tras un problema de salud, no han sido pocos los que han cogido el teléfono y la han llamado para preguntarle qué tal estaba: "He sentido muchísimo cariño".
Ese “tú a tú” es uno de los grandes valores que mantiene fiel a una parte de la clientela. Y aunque los horarios laborales y la falta de tiempo han reducido la compra diaria, los puestos han sabido adaptarse: pedidos por WhatsApp, encargos telefónicos y colaboración entre comerciantes. “Si un cliente me pide fruta, le preparo también la carne o el pescado hablando con los compañeros. Nos organizamos entre todos”, precisa Galián.
La unión entre los vendedores es otro de los pilares que explica la supervivencia de estos espacios. Y es que, en ambos mercados, los comerciantes coinciden en que son "como una gran familia". Años compartiendo madrugones, fatigas y también alegrías han creado una hermandad difícil de encontrar entre la competencia. “Cada uno es de su negocio, pero nos respetamos mucho”, admite Siles.
A pesar de todo, los mercados de San Francisco y Peñamefécit siguen ahí. Más modernos, más limpios, mejor acondicionados que hace décadas. Un cambio necesario para adaptarse a los tiempos sin perder la identidad porque, en estos mercados, no solo se vende comida. Se vende confianza, memoria y barrio y, mientras haya quien valore saber qué pieza de carne lleva el puchero y quién se lo prepara, los mercados de Jaén seguirán resistiendo.
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