Montero, ‘¡qué he hecho yo, para merecer esto!’
EN LA RESERVA
María Jesús Montero, secretaria general del PSOE andaluz —conviene recordar por si anda alguien despistado— acudió al Palacio de Ferias y Congresos de Jaén y no a la edulcorada por contrato Jaén de Boda, que le pillaba justo al lado, porque sólo vino a renovar los votos con el socialismo andaluz, a pesar, incluso, de su presidente, con el que mantiene una devoción intacta en lo bueno y en lo malo, en la salud, vicepresidenta primera del Gobierno y, en la ‘enfermedad’, como candidata socialista a la Junta de Andalucía.
Viajó Sánchez hasta la India y, allí con todos los sacras demoscópicos alineados, tuvo a bien analizar los resultados de ‘su’ partido: “Entiendo que pueda haber elementos que hayan significado argumentos para quedarse en la abstención, pero trabajaremos para que todo ese electorado se movilice cuando lleguen las generales”, tan pancho se quedó el presidente en una declaración en la que no intentó maquillar la idea nuclear. Directo, las próximas metas volantes (citas electorales en Castilla y León y Andalucía le traen, en expresión castiza y de origen marítimo, al pairo. Lo recio son las generales y lo demás es un calvario lleno de espinas por el que el partido debe transitar. Perico, delgado, el presidente, en modo sufridor silente de los males de un PSOE menguante y perdedor hasta la victoria final. ¿Nuevo oxímoron político o ciclista?
El presidente, aunque se nos pueda olvidar, es secretario general del partido, pero no se le pueden pedir explicaciones de los descalabros electorales recientes, porque quienes lo hicieran corren el riesgo de caer en una cada vez más poblada ‘fachosfera’ o, si prefieren otros análisis más cercanos, en una cuestión de “amo” y “siervos”, en concepto de Puente y González, respectivamente.
Subido a la enésima ola del CIS, tiene a Tezanos como su druida de cabecera, infalible en lo de separar lo sagrado de lo mundano. “Sólo cabe esperar, pequeño saltamontes, hasta las generales, para que esta España bipolar acuda a ti y te marques un Moisés, y separes las aguas bravas y conduzcas a tu pueblo”, es un decir este diálogo ficticio y dando por válidos, también, el tomillo y la buenaventura de cada encuesta del político y sociólogo a la par.
María Jesús Montero, candidata a la Junta a su pesar, decíamos, observa con atención los sacrificios en el altar precedentes y enfila su penar, como si acabara de salir de una canción de la Martirio, estoy “atacá”. En olor de andalucismo y con la bandera de los servicios públicos como mejor punta de lanza, aspira a que, al menos, haya partido. ‘Arreglá, pero informal’ da lo mejor de sí en mítines como el de ayer en Jaén. Pero la tarea es hercúlea porque tiene que convencer primero a los suyos de que remonten el río y vayan a votar y, junto a la movilización de su electorado, debería arañar unos votos más allá de sus siglas. En el PP, visto lo votado, temen no poner dique de contención a VOX y que les hagan ganar a los puntos, cuando sólo les vale el KO.
Esperaban desde Jaén Merece Más (JMM) un guiño, una reunión, aunque fuera en un estand furtivo de Jaén de Boda, para hablar de lo suyo: el pacto con el PSOE y los acuerdos prematrimoniales. Creen que las carantoñas precedentes valen (infraestructuras hidráulicas, mejoras ferroviarias, conexión con el AVE...), pero que el cuerpo les pide escenificar más guerra (fondo de convergencia) e instan a los socialistas próximos a exigir a su jefa que menos ‘campaña de marketing y paseíllo" y más cumplir con todas las palabras dadas, que son muchas.
Por más que los servicios públicos sean un campo de batalla en los que debe pelear el PSOE, volver a hablar de la Ciudad Sanitaria en Jaén, con la memoria histórica en carne viva con este proyecto, quizá no sea el mejor reclamo electoral, pero doctoras tiene la iglesia socialista...
Así las cosas, Montero se iría de Jaén con la cabeza como un bombo. Drama almodovariano el suyo: “Encontrar la salida de este gris laberinto/ Sin pasión ni pecado ni locura ni incesto/ Tener en cada puerto un amante distinto/ No gritar ¡qué he hecho yo, para merecer esto!". Todo en clave política, se entiende.
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