Ochenta años de historia que bajan la persiana en Bailén: "La gente venía a despedirse y se ponía a llorar"

Negocios con solera

El bar Piñero III se despide tras tres generaciones de hosteleros y una respuesta del pueblo caracterizada por el cariño y la emoción

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Fotografía antigua del bar Piñero, con rostros que forman parte de su historia
Fotografía antigua del bar Piñero, con rostros que forman parte de su historia

Con la llegada del nuevo año, también se cierra una de las etapas para una familia muy querida en Bailén. El pasado 31 de diciembre, el municipio despidió uno de sus bares más emblemáticos. El Piñero III, un establecimiento con más de ocho décadas de historia, cerró definitivamente sus puertas. Al frente, hasta el último día, ha estado Antonio Piñero, tercera generación de una saga hostelera que comenzó en 1940 con su abuelo, continuó con su padre y que él mismo mantuvo viva durante décadas.

Con la sencillez de quien ha hecho del bar su vida, Piñero explica que se trata de un negocio heredado, pero también construido a base de madrugones, jornadas interminables y una cocina que siempre apostó por las recetas tradicionales y de toda la vida. “Aquí no hay nada congelado. Todos los días, desde las siete de la mañana, preparando tapas, todo cien por cien casero”, precisa el ya exhostelero.

Sin embargo, el cierre no ha sido una decisión voluntaria. Hace dos años, Antonio fue diagnosticado con una enfermedad de la que se pudo recuperar, pero recibió una notificación de jubilación forzosa con incapacidad al cien por cien: “Yo pensaba seguir por lo menos hasta los 65, pero ya no puedo trabajar".

Antonio Piñero sirve una copa de cerveza.
Antonio Piñero sirve una copa de cerveza.

Durante un tiempo, la posibilidad de que el negocio continuase con una cuarta generación estuvo sobre la mesa. Su hijo también está vinculado a la hostelería y podría haber sido quien recogiese el testigo. Sin embargo, actualmente es jefe de cocina en Madrid y trabaja con el reconocido chef Dani García. “Está difícil que se vuelva a Jaén”, admite Antonio. Su hija, por su parte, ha tomado un camino profesional distinto. La continuidad familiar, al menos de momento, no es viable.

Pese a ello, Antonio no descarta un traspaso en un futuro, aunque se niega rotundamente a la venta "mientras yo siga vivo". El local, situado en una zona céntrica del municipio -calle Zarco del Valle- podría alquilarse mientras se respete la esencia del establecimiento: “Si se lleva bien, es un buen sitio y tiene muchas cosas a favor”.

Una despedida conmovedora

La reacción de los bailenenses ha sido uno de los aspectos más emotivos de este punto final. Piñero confiesa que no esperaba semejante respuesta. “Me he quedado parado. La gente ha respondido con muchísimo cariño”, reconoce. Tras anunciar el cierre a través de publicaciones en redes sociales el pasado 29 de diciembre, los dos últimos días fueron un continuo ir y venir de clientes que quisieron despedirse: “Me dejaban impactados porque empezaban a llorar”.

Fachada del Bar Piñero
Fachada del Bar Piñero

No es para menos. El Piñero III no era solo un bar, sino un punto de encuentro cotidiano, un lugar donde generaciones de vecinos han desayunado, tapeado y compartido vida. Reformado en varias ocasiones —la primera en 2013 y la última justo antes de la pandemia—, el establecimiento supo adaptarse a los tiempos sin perder su esencia. Con su cierre, se apaga una parte de la memoria cotidiana de Bailén, pero queda el recuerdo de un bar de los de antes, de trato cercano y puertas siempre abiertas. Y queda, sobre todo, el reconocimiento de un pueblo agradecido a quien dedicó toda una vida a servirlo detrás de una barra

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