El tesoro natural más escondido de Jaén revive tras las lluvias: "El humedal reclama lo que es suyo"
El doctor en Ciencias Biológicas, Enrique García, apuesta por que este episodio húmedo sirva para que las administraciones delimiten cada enclave y diseñen programas de conservación y restauración
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Como perlas escondidas que reaparecen cuando el cielo arroja de nuevo lluvia durante largos periodos, el esplendor de uno de los patrimonios más desconocidos de la provincia de Jaén ha vuelto a brotar. El agua ha recuperado su terreno y ha brotado del suelo aumentando su tamaño o devolviendo los humedales, cuando durante años han permanecido prácticamente secos.
No se trata, sin embargo, de un fenómeno excepcional desde el punto de vista ecológico. “Estas lluvias forman parte del ciclo natural del humedal, que tienen épocas donde hay más precipitaciones y épocas donde hay menos precipitaciones, más que nada en ambientes mediterráneos”, explica el doctor en Ciencias Biológicas Enrique García.
Lo que este año resulta llamativo es el contraste con el largo periodo seco anterior. “Esto nos muestra la elevada diversidad y variabilidad que tienen estos ecosistemas, donde un año pueden permanecer prácticamente secos durante todo el año, y un año como este, van a llenarse hasta sus máximos”, señala.
Durante los últimos quince años, muchos de estos espacios apenas han acumulado agua de forma prolongada. Ahora, con precipitaciones distribuidas en su tiempo, como apunta el investigador, se han llenado todos los ecosistemas acuáticos. Un escenario que permite, además, redefinir límites. “Esto nos va a permitir determinar o delimitar hasta dónde hay influencia del humedal”, añade.
El agua vuelve a marcar el territorio
En los años de sequía, algunas cubetas han sido aprovechadas para usos agrícolas. “Se han utilizado para cultivos, para colonizarlos de olivares o de cereal”, explica García. Sin embargo, advierte de que esa ocupación es siempre provisional. “El humedal, al igual que un río, va a reclamar lo que es suyo”, afirma.
El investigador describe una dinámica que se repite. Cuando el terreno permanece seco durante años, “los agricultores aprovechan y plantan olivos hasta donde pueden”. “Podemos empeñarnos en construir y cultivar en zonas inundables y al final tenemos consecuencias. Pero eso viene por omitir el conocimiento que tenemos. Esas zonas son inundables, forman parte de la dinámica acuática”, expresa el doctor.
Por ello, considera que este episodio húmedo debería servir como punto de partida para que las administraciones delimiten con claridad la cubeta máxima de cada enclave y diseñen programas de conservación y restauración: “Para que aunque vengan cinco o diez años de sequía, seguimos sabiendo que eso es humedal, aunque esté seco”. " Porque pueden venir años como este en el que un agricultor mete 200, 300 olivos dentro y viene un año como este y las pierde todas. Entonces, tanto él pierde, como la biodiversidad pierde, nadie gana. Tomando conciencia y conservando estos ecosistemas, pues, el propietario de ese terreno le puede sacar un partido a través del turismo de naturaleza, del turismo de observación de aves, de la concienciación... Y puede ser un recurso económico que a lo mejor no se están planteando y le daría más rendimiento que esas olivas", cuenta García.
De laguna hipersalina a laguna dulce
Uno de los ejemplos más significativos de esta variabilidad es la Laguna Honda. Habitualmente hipersalina, y que puede alcanzar tres o cuatro veces la concentración de sal del mar en épocas de sequía. Sin embargo, este año el aporte extraordinario de agua ha diluido la salinidad hasta comportarse como una laguna dulce.
“Va a permitir que otras cohortes de especies se asienten en el humedal”, indica García. Incluso la reproducción de anfibios en un espacio que, en condiciones normales, no sería apto para ellos. “En condiciones meteorológicas como las de este año son dulces. Entonces, los anfibios explotan estos recursos”, cuenta . También enclaves como la laguna de Colmenero o el humedal Hituelo han recuperado niveles destacables tras años mostrando apenas una lámina somera.
Una red estratégica para las aves
La provincia jiennense concentra una de las mayores diversidades de humedales interiores del sur peninsular, muchos de ellos ubicados en La Campiña. Funcionan como puntos de parada en las rutas migratorias entre Europa y África. “Las aves migratorias pasan todos los años. Lo único bueno que tiene esto es que no se van a concentrar en determinados sitios”, explica García. En años secos, la escasez de agua obligaba a concentrarse en unos pocos enclaves. Este año, al tener más oferta de zonas húmedas, se concentrarán en menos humedales y esto será mucho mejor para ellas, porque les permitirá establecerse en zonas donde ya no estaban presentes estos años. Más superficie inundada implica también más oportunidades de cría y menos competencia entre parejas.
La riqueza de estos ecosistemas ha sido recogida en el documental Islas de Vida, impulsado por Fotoconciencia de la mano de su director García y el catedrático de Ecología de la Universidad de Jaén, Francisco Guerrero. El proyecto pretende visibilizar un patrimonio natural poco conocido y alertar sobre su deterioro. Pese a la existencia de numerosos humedales inventariados, solo tres cuentan con protección específica en la provincia: la Laguna Honda, la Laguna del Chinche y la Laguna Grande.
Mientras tanto, la presión agrícola, los drenajes y el uso de agroquímicos siguen siendo amenazas latentes. El regreso del agua este año no solo ha devuelto vida visible a muchas cubetas. Este invierno, esas condiciones han vuelto. Y con ellas, una oportunidad para replantear la relación entre agricultura, territorio y uno de los patrimonios naturales más singulares del interior andaluz.
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