Del peligro de su casa por las grietas a la séptima planta del hotel: "Los primeros días comíamos fuera pero eso no hay familia que lo sostenga"
El desalojo por las grietas ha obligado a reorganizar rutinas, buscar soluciones diarias para tareas cotidianas como almorzar o lavar la ropa
Confían en que los vecinos desalojados por grietas en Jaén vuelvan a sus casas "entre el jueves y el viernes"
El desalojo de las viviendas afectadas por las grietas en la calle Unicef llevó a medio centenar de personas a buscar alojamiento temporal en establecimientos hoteleros de la capital, entre ellos, el Hotel Condestable. Desde hace una semana, los jiennenses se han visto obligados a modificar su rutina diaria y a dormir fuera de su casa.
La noticia fue un golpe para muchos. Raquel Castillo recuerda con claridad el momento en el que se les comunicó que el desalojo era oficial. “Nos avisó el presidente de la comunidad a las 11:30 de la noche y el alcalde nos comunicó que el desalojo era oficial. Teníamos que coger nuestras cosas y salir de casa sin saber cuánto tiempo ni cuándo podríamos volver”, apunta a Jaén Hoy. Desde entonces, los días han sido una gestión de ir a sus casas y volver cargados de mudas y otros enseres. Luis Jódar detalla a esta Redacción la logística día tras día: “Tenemos que subir y bajar a los pisos para recoger ropa y cosas necesarias, lavar la ropa en casa de un familiar y traerla seca”.
La séptima planta del Condestable se ha convertido en el hogar provisional del bloque número 1 de la calle Unicef. Pese a la situación y a la sensación de no saber cuándo volverán a casa, estar todos juntos se ha convertido en un gran apoyo. "Es algo más acogedor, sí que es cierto que estás en un hotel bonito, pero cuando tienes que estar por obligación, se lleva un poco se lleva un poquito peor", aclara Castillo.
Uno de los desafíos diarios ha sido garantizar alimentación y cuidados. Según detalla Castillo, las familias han intentado resolver el asunto dentro de sus posibilidades: “No gestionan comidas en el hotel, así que cada uno se las apaña como puede". Para ella, los primeros días sí que acudieron a restaurantes de la capital. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, buscó otra solución. "Yo trabajo en el recinto del Hospital Neurotraumatológico, así que traigo la comida de la cafetería y comemos aquí porque si no no había manera", matiza.
Jódar explica que, en su caso, intentan comer en casa de un familiar, pero que "es algo en lo que el Ayuntamiento tendría que haber caído". "El caso es que una vecina le preguntó al alcalde porque, vale, es un dinero que te van a devolver, pero no todos pueden estar adelantando ese dinero. Le dijeron que el lunes le pondrían solución si la situación se alargaba más tiempo", aclara.
Pese a ese inconveniente, en medio de la situación, los vecinos muestran gratitud, tanto a los hoteles como al propio Ayuntamiento. “No tenemos ni una sola queja. Se han preocupado por nosotros desde primer momento y el personal del Condestable nos ha tratado como a un cliente más”, afirma con una sonrisa Castillo. Jódar agradece especialmente la implicación del alcalde, Julio Millán, en los avances de la obra: "Ha bajado por lo menos 10 veces y les ha preguntado a los técnicos cómo va todo para poder informarnos a cada vecino".
De hecho, al ser preguntados por el día de la Carrera Internacional Noche de San Antón, Castillo quiso romper una lanza a favor del Ayuntamiento en medio de las críticas. "Tengo que decir que el Ayuntamiento nos avisó desde el primer día. Es entendible, eran unas fechas que ya estaban reservadas desde hacía tiempo y, al final, el hotel es una empresa privada. No puedes pedirles que nos acojan a nosotros", manifiesta. En su caso, la madre de familia explica que se trasladaron hasta Córdoba a pasar la noche y que "también nos van a cubrir esos gastos".
Para muchos, esa noche no fue caótica, sino que aprovecharon para desplazarse con sus familias. Ejemplo vivo de ello es Gema Sánchez, otra de las afectadas por las grietas, aunque, a diferencia del resto, se encuentra de alquiler: "Al ser de un pueblo, tuve la suerte de que me podía ir a mi casa". Jódar hizo algo similar, aunque su núcleo familiar se dispersó en el entorno de la capital. "Primero estuvimos viendo la San Antón y luego, fuimos a casa de mi hermano. Mis hijos se fueron al campo con sus amigos y, al día siguiente, fue todo muy rápido porque ya tenían nuestros datos", matiza.
Ahora, reciben la noticia de que puedan regresar a sus casas de cara al fin de semana como "la luz que alumbra el final del túnel", si bien, piensan con la cabeza fría y aseguran que prefieren que sea una decisión respaldada con todas las garantías posibles.
También te puede interesar
Lo último