Vuelve la maquila: cada vez más agricultores elaboran aceite para autoconsumo o tener su propia marca
La personalización del oro líquido se vuelve un reclamo cada vez mayor entre los agricultores y con ella regresa la tradición del autoconsumo y el deseo de tener un sello único
Las primeras luces de la mañana encuentran a muchas familias cargando mantillas de aceituna en remolques. El destino final suele ser una cooperativa, pero el surgimiento de nuevas almazaras con el sello "haz tu propio aceite", conocido como maquila, ha interrumpido en mitad de este paisaje, donde cada campaña se repite un ritual que parecía condenado a desaparecer, transformar la cosecha propia en aceite para la mesa o, cada vez más, para venderlo con marca propia.
Lo que antes era una práctica casi residual ha ido ganando terreno en los últimos años. Agricultores que quieren que su fruto no se mezcle con el de miles de socios en la cooperativa, hoteles y restaurantes que buscan identidad en su aceite, y productores que ven en esta vía una oportunidad para rentabilizar el olivar. El resultado es un paisaje nuevo en el que el aceite vuelve a tener apellido familiar y donde la calidad se cuida como una seña de orgullo.
En este cambio confluyen varios factores. Por un lado, el auge de los aceites tempranos y de alta calidad, que muchos productores han aprendido a valorar. Por otro, la búsqueda de rentabilidad en un mercado con fuertes fluctuaciones y, también, cierta nostalgia por una tradición que en muchos pueblos se perdió durante décadas, la de hacer el aceite de casa.
En Beas de Segura, la almazara Oro Tradicional nació precisamente para darle cabida a ese perfil de agricultor. Su gerente, Jesús Rescalvo, explica que la idea surgió de una inquietud personal: “A mí me gusta mucho el mundo del aceite. Soy agricultor y cuando estudiaba tenía mis olivas y me pagaba los estudios”, recuerda. Con el tiempo, decidió enfocar su trayectoria profesional hacia el sector, pero detectó una carencia en la zona, no existía una fábrica que permitiera al agricultor procesar únicamente su aceituna. “Si tienes un mimo especial por tu olivar, ese mimo debe convertirse en fruto: en tu propio aceite”, afirma.
La apuesta no era sencilla. Oro Tradicional abrió hace cinco años, con una inversión elevada y en un territorio sin costumbre de maquila. “Al principio teníamos miedo. Llegábamos a un sitio donde esto no existía”, reconoce Rescalvo. Sin embargo, había referencias en otras regiones del Levante donde esta forma de molturar es habitual. Ese espejo sirvió de impulso.
Con el tiempo, el proyecto encontró respuesta. “La gente era un poco reacia, pero el que prueba, repite”, asegura. Quien hace aceite para casa suele volver cada campaña; otros se animan a comercializarlo y presentan muestras a concursos, con reconocimientos crecientes. Según el gerente, muchos agricultores optan por esta vía porque el mercado actual “no valora el esfuerzo del agricultor” y la venta directa les permite rentabilizar mejor su producción.
Además del componente económico, Rescalvo destaca el regreso de un ritual social. Se observan familias que van juntas a molturar, almuerzan allí y pasan el día en la almazara mientras supervisan el proceso. Para algunos, hacer su aceite vuelve a ser una tradición anual.
Una dinámica similar vive la almazara Campos de Jaén, en Peal de Becerro. Su gerente, Antonio Moreno, explica que el proyecto también echó a andar hace cinco años, combinando tres patas con la compraventa de aceituna, la experiencia técnica familiar, su padre maestro de almazara y su hermano dedicado al montaje, y su propia vivencia en Granada, donde la maquila es habitual.
“Hace cinco años aquí no existía nada parecido”, sostiene. Muchos agricultores seguían diciendo que el aceite de la cooperativa era suyo, aunque en realidad procediera de miles de socios diferentes. Antes de arrancar, visitaron almazaras en Portugal y Córdoba para perfilar el modelo que querían implantar: producción visible, transparente y con posibilidad de molturar incluso cantidades muy pequeñas. “Con 300 kilos ya pueden llevarse su aceite”, explica Moreno, que subraya además que entre cliente y cliente se limpia la línea para garantizar que el producto sea 100% propio.
Algunas familias lo han convertido en una fecha de reunión anual, cosechan juntas, llevan la aceituna, reparten el aceite y, a veces, no vuelven a verse hasta el año siguiente
El fenómeno no solo responde a familias que buscan recuperar el aceite de casa. También crece la vía comercial: hoteles, restaurantes y pequeños distribuidores diseñan sus marcas para uso interno o venta. “Lo difícil no es crearlo, lo difícil es mantenerse”, puntualiza el gerente. No obstante, año tras año surgen nuevas etiquetas, algunas alcanzando ventas relevantes. Hay casos de agricultores que venden entre 300 y 500 botellas al año, e incluso otros que superan las 4.000. “Llegó una persona que nos compró 10.000 botellas con su marca”, relata.
Las cifras revelan el aumento del interés. Solo en 2024, Campos de Jaén atendió a 1.191 personas que molturaron su propia aceituna, muchas de las cuales repitieron varias veces durante la campaña. Y no solo por negocio, el autoconsumo familiar también va en aumento. Moreno cuenta que algunas familias lo han convertido en una fecha de reunión anual, cosechan juntas, llevan la aceituna, reparten el aceite y, a veces, no vuelven a verse hasta el año siguiente.
Calidad, identidad y rentabilidad
El éxito de estas iniciativas se apoya, además, en los nuevos aceites tempranos o “verdes”, cuya expansión ha sido notable en los últimos años. Para los agricultores que cuidan su olivar y buscan una aceituna fresca, el resultado es un producto de alta calidad y con identidad propia. En muchas almazaras, el servicio incluye también el envasado y la personalización estética.
“Buscamos la excelencia y la calidad”, señala Rescalvo. Tras trabajar en procesos internacionales, asegura haber incorporado prácticas punteras para obtener un aceite que “brilla por sí solo”. En su caso, afirma que cada vez más productores presentan sus lotes a concursos y obtienen reconocimientos.
A esta diferenciación se suma la cuestión económica. Moreno detalla que, para muchas familias, producir su propio aceite es sorprendentemente rentable: si una caja de aceite en el mercado ronda los 110 o 120 euros, con una molturación propia se pueden obtener 15 cajas por unos 200 euros de coste.
El paralelo con el vino aparece con frecuencia en boca de los nuevos actores. “Creo que va a pasar como con el vino”, dice Rescalvo. “En el norte, las familias con viñas hacen su propio vino y a veces lo comercializan. Hay muchas bodegas pequeñas. Es una manera de rentabilizar o te renuevas o mueres”.
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