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¿Está el cambio climático tras los temporales de lluvia de estos días?

Borrasca Leonardo

Los temporales recientes en Andalucía encajan con un patrón climático que la evidencia científica lleva años describiendo: menos días de lluvia, pero precipitaciones mucho más extremas

Lluvias intensas en la localidad de Ronda, Málaga, durante la jornada del miércoles. / JAVIER FLORES

Las lluvias intensas que han golpeado en los últimos días amplias zonas de Andalucía, asociadas a la borrasca Leonardo y a la llegada de un río atmosférico procedente del Caribe, no son un episodio aislado ni una simple anomalía meteorológica. La ciencia climática lleva años advirtiendo de que este tipo de temporales encajan en tendencias físicas bien conocidas, vinculadas al calentamiento global y especialmente relevantes en regiones mediterráneas como el sur de España.

Aunque ningún científico atribuye un fenómeno concreto exclusivamente al cambio climático, el consenso es claro: el calentamiento global está cargando de energía e intensidad los episodios de lluvia extrema, aumentando su impacto cuando se producen.

Más 'combustible' en la atmósfera

El principio físico más sólido que conecta clima y lluvias extremas es la ley de Clausius-Clapeyron. Según esta relación termodinámica, por cada grado centígrado que aumenta la temperatura del aire, su capacidad para retener vapor de agua crece aproximadamente un 7%. Esto implica que una atmósfera más cálida actúa como una esponja más grande: acumula más humedad y, cuando se dan las condiciones para la precipitación —frentes activos, borrascas profundas o DANAs—, libera esa agua de forma mucho más intensa.

El último informe del IPCC (AR6) identifica este mecanismo como una de las razones clave del aumento observado y proyectado de los episodios de precipitación extrema, incluso en regiones donde la lluvia media anual no aumenta o incluso disminuye.

Océanos más cálidos

El segundo pilar es el calentamiento de los océanos. Tanto el Atlántico cercano como el Mediterráneo occidental han registrado en los últimos años anomalías térmicas persistentes, documentadas por el servicio climático europeo Copernicus. El mar actúa como una batería energética. Cuánto más caliente está, más vapor de agua libera a la atmósfera. En el episodio actual, la borrasca Leonardo se ha visto reforzada al interactuar con un Atlántico inusualmente cálido, facilitando la formación de un río atmosférico capaz de transportar enormes cantidades de humedad subtropical desde latitudes bajas hasta el sur peninsular.

Estos ríos atmosféricos —auténticas autopistas de vapor de agua— no son nuevos, pero en un clima más cálido transportan más humedad y aumentan el potencial de lluvias torrenciales cuando impactan sobre tierra firme.

Una corriente en chorro más ondulada y errática

El tercer factor es más complejo, pero cada vez más relevante. El calentamiento acelerado del Ártico —más rápido que el del resto del planeta— reduce el contraste térmico entre el polo y el ecuador. Esto tiende a debilitar la corriente en chorro (jet stream), haciéndola más ondulada. Estas ondulaciones favorecen la llegada de aire frío en altura a latitudes más bajas, el descenso de borrascas profundas hacia el sur y situaciones de bloqueo, en las que los sistemas meteorológicos se mueven lentamente o quedan casi estacionarios.

El resultado es que los episodios de lluvia duran más tiempo sobre una misma zona, multiplicando los acumulados y el riesgo de inundaciones. El IPCC subraya que esta relación presenta mayor incertidumbre regional que el vínculo temperatura-humedad, pero reconoce que puede contribuir a la persistencia de episodios extremos en determinadas áreas.

Menos días de lluvia, pero más violentos

Todos estos factores confluyen en lo que AEMET y el IPCC describen como la “paradoja mediterránea”. El sur de Europa avanza hacia un escenario más árido. Llueve menos días al año, pero cuando llueve, lo hace con mayor intensidad.

Este patrón alterna sequías prolongadas con inundaciones súbitas, un cóctel especialmente problemático en Andalucía. Los suelos secos y compactados infiltran peor el agua, los cauces intermitentes pueden activarse de forma repentina y las infraestructuras urbanas se ven rápidamente superadas.

En este contexto, episodios como el actual no solo causan daños inmediatos, sino que dificultan la gestión del agua, al concentrar en pocos días precipitaciones que antes se repartían durante semanas o meses.

¿Este temporal es por el cambio climático?

No se puede establecer una atribución directa absoluta, pero sí se puede afirmar que el cambio climático ha aumentado la probabilidad y la intensidad de este tipo de episodios. Los estudios de atribución, como los realizados por el consorcio World Weather Attribution, muestran que las lluvias extremas en el sur de Europa son hoy más intensas y más probables que en un clima preindustrial, precisamente por los mecanismos físicos descritos. La combinación de atmósfera más húmeda, mares más cálidos y mayor irregularidad climática sitúa a Andalucía entre las regiones europeas más vulnerables a los extremos hidrológicos. Adaptar la planificación urbana, la gestión de cuencas y los sistemas de alerta temprana será clave para convivir con un clima en el que los temporales no son necesariamente más frecuentes, pero sí más peligrosos.

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