El pueblo de Jaén con un barrio lleno de flores, murallas árabes, vistas a un parque natural y nacido en la Edad del Bronce
Murallas árabes, historia milenaria, miradores al parque natural y una gastronomía con raíces hacen de este pueblo de Jaén un destino que enamora a primera vista
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Situado en la Sierra de Las Villas y con tan solo 960 habitantes, Iznatoraf (conocido popularmente como “Torafe”) es un pueblo de Jaén que enamora a primera vista. Su ubicación juega un papel crucial en que así sea, ya que se trata de una de las localidades más altas de Andalucía, ubicada en un cerro a 1.036 metros sobre el nivel del mar.
Esta curiosa disposición geográfica hace que, desde la carretera, aparezca en el paisaje como un eterno vigilante de todo lo que acontece en esta zona del parque natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. A ello se suma su pertenencia al a Red de Pueblos Mágicos de España, insignia que merece sobradamente y que todo viajero aprecia en cuanto pisa su casco histórico, lleno de matices que dan cuenta de un pasado en el que las culturas árabes, judías y cristianas dejaron su impronta hasta nuestros días.
Un barrio lleno de flores
El casco antiguo de Iznatoraf, declarado Conjunto Histórico Artístico en 2012, guarda una grata sorpresa para todo el que se aventure a adentrarse en sus callejuelas estrechas y coquetas plazas. El verde inunda paredes y suelos al paso del viajero. Una visita especialmente recomendable en primavera, cuando al explosión de colores toma cada una de estas callecitas llenas de flores y olores embriagadores.
No en vano, en el año 2020 este pueblo blanco jiennense consiguió ser distinguido con la Flor de Andalucía, un reconocimiento que otorga la Multisectorial de la Jardinería Andaluza. De hecho, es el único municipio de Jaén que ostenta este curioso galardón.
Murallas árabes
Recorrer Iznatoraf a pie es darse de bruces con el pasado. Murallas y arcos porticados se repiten en las dos alas de este pequeño municipio. De origen árabe, la mampostería propia de la época dio forma a nueve puertas con arcos de medio punto y once fortines.
De todo ello aún se conservan alrededor de medio kilómetro de muralla —declarada en 1985 Bien de Interés Cultural— junto a algunos arcos de entrada y diez de las once torres originales. Las más representativas son las conocidas como Puerta de Armas y la puerta de la Virgen del Postigo, que además fue declarada Monumento Histórico en 1985.
Miradores al parque natural
En el momento en que pisamos la zona de extramuros se abre ante nosotros un verdadero mirador que deja sin habla al que lo divisa. El mar de olivos se entremezcla con una preciosa panorámica a la Sierra de Las Villas.
Tal es la popularidad de este recorrido que el mismo ayuntamiento ha dispuesto de algunos bancos para que los viajeros puedan tomarse todo el tiempo del mundo en disfrutar de sus vistas.
Uno de los mejores momentos para hacerlo es durante el atardecer, cuando el ocaso va perfilando todo tipo de colores anaranjados en un horizonte que parece infinito.
Historia de Iznatoraf
No es difícil reconocer la antiquísima historia de Iznatoraf al visitarla por vez primera, aunque quizá no muchas personas puedan acertar a decir cuándo se formó esta histórica villa. Sus primeras poblaciones datan de la Edad del Bronce (II milenio a. C.).
La ocupación humana siguió, de manera discontinua, por épocas íberas, iberorromanas y visigodas. Después, el período musulmán propició su expansión, siento un lugar enteramente estratégico en torno al siglo XI. De hecho, su nombre es originariamente árabe, en referencia a su fortificación.
Poco después, en 1235, el monarca español Fernando III añadió la villa a la Corona, concediéndole el fuero de Cuenca, aunque en 1252 pasó al Arzobispado de Toledo. Su importancia militar se vio mermada en la Reconquista y, a partir del siglo XVI, renació para convertirse en centro religioso y agrícola, de lo que se destaca la producción del aceite de oliva que ha hecho a la gastronomía de Jaén famosa en el mundo entero.
Gastronomía popular
Y, hablando de gastronomía, la cocina tradicional de Iznatoraf es otro de los encantos que empuja a los viajeros a elegirlo como destino turístico. La carne es uno de los productos claves de su recetario, pero además hay otros alicientes culinarios que invitan a no solo conocer su historia, sino también sus platos más típicos, entre los que están los siguientes:
- Ajo morcilla. La matanza del cerdo deja bocados tan contundentes como este, que se hace con cebolla frita, arroz cocido, ajo, especias, manteca de cerdo sin tropezones y la propia sangre del cerdo. Habitualmente se toma caliente con bollitos de pan tierno.
- Tarrafeña. El popular conejo en salsa tiene aquí nombre propio: “tarrafeña”, un vocablo que deriva del gentilicio de sus habitantes, llamados también ‘torafeñas’ y ‘torafeños’.
- Pipirrana. El plato del verano es, sin duda, esta receta fresquita y totalmente vegana que se diferencia de la habitual pipirrana jaenera, ya que incluye ingredientes como patatas cocidas, pimientos secos y fritos machacados, además de aceite, ajo y sal.
- Potaje de garbanzos con panecillos. El frío llama a la cuchara y este plato caldoso es uno de los favoritos a la hora de elegir menú reconfortante en Iznatoraf. A base de garbanzos con albóndigas hechas de masa de pan, ajo y perejil picado, se consume especialmente en torno a la Semana Santa.
- Buñuelos de viento. El legado árabe se aprecia no solo en su recinto amurallado, sino también en este postre de repostería que presenta un interior hueco y un bocado dulce para terminar cualquier comida o bien para desayunar o merendar.
Ya sea porque te pille de paso para visitar el parque natural más grande de España o porque quieras comprobar con tus propios ojos las maravillas que se cuentan de ella, Iznatoraf es un destino que enamora a primera vista, y al primer bocado.
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