El pueblo de Jaén que guarda mosaicos romanos y el legado de Miguel Hernández

Quesada sorprende por su villa romana con mosaicos únicos y por los museos dedicados a Miguel Hernández y Rafael Zabaleta, referentes culturales

La cueva del agua y Santuario de Tíscar: "la Covadonga andaluza"

El Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa muestra la historia y la conexión del poeta oriolano con Jaén.
El Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa muestra la historia y la conexión del poeta oriolano con Jaén. / Museo Zabaleta

Hay sitios a los que irremediablemente conectamos con su contexto más conocido. En el caso de Quesada, en la comarca de Sierra de Cazorla, lo obvio es pensar en este municipio en verde dada la extensión vegetal de sus alrededores, enclavados en pleno Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.

Para más inri, a escasos kilómetros —eso sí, por carreteras zigzagueantes no aptas para quien se suela marear en la montaña— se encuentra Tíscar, donde tanto el santuario como la Cueva del Agua y los senderos que de allí parten no hacen sino afianzar esa idea de Quesada como pueblo natural. Que también.

Lo que quizá no todo el mundo sepa es que, por una parte, el legado de Miguel Hernández tiene mucho que ver con esta localidad, ya que su mujer, Josefina Manresa, fue nada menos que una quesadeña de pro. De igual forma, aquí nació Rafael Zabaleta, considerado uno de los pintores más destacados del expresionismo y el postcubismo con claras influencias de Picasso. El museo en honor de todos ellos es, seguramente, el aliciente cultural más destacado de Quesada.

De otra parte, la conservación de mosaicos romanos de palacetes de la época es otra de las maravillas que hacen que el viajero que busca historia y monumentos impresionantes se quede prendado de esta localidad de unos 6.000 habitantes a primera vista.

Museo Zabaleta y Miguel Hernández

En honor de su pintor más insigne, Rafael Zabaleta, nacido en Quesada en 1907, la ciudad le dio un lugar destacado con un museo que lleva su nombre, situado en el número 5 de la Plaza Cesáreo Rodríguez Aguilera. El jiennense, tras estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Madrid viajó hasta París para continuar su formación de la mano de contemporáneos como Picasso.

Su trabajo le valió el premio UNESCO de la tercera Bienal de Hispanoamérica en 1956. De sus obras destacan elementos clave como la luz, el color, los objetos familiares, los campos de Quesada, fiel reflejo de los campesinos y agricultores de la época. y cuelgan en muchos museos de todo el mundo. Muere en Quesada en 1960.

Una de las obras de estilo cubista de Zabaleta que se exhiben en el museo que lleva su nombre.
Una de las obras de estilo cubista de Zabaleta que se exhiben en el museo que lleva su nombre. / Jaén Paraíso Interior

Por otro lado, el Museo Miguel Hernández–Josefina Manresa, situaado en la planta baja del Museo Zabaleta, cuenta con un recorrido cronológico por la vida y la obra del poeta y de su esposa, la quesadeña Josefina Manresa, a través de seis salas expositivas y más de 550 metros cuadrados.

El acceso al museo, que abre al público de miércoles a domingo, tiene un precio general de 4 euros. La entrada reducida es de 2 euros para jubilados, personas con discapacidad y estudiantes universitarios. Los menores de entre 6 y 18 años abonan 1 euro, mientras que los grupos de más de 20 personas pagan 3 euros por visitante y los grupos de centros educativos, 1 euro. La entrada es gratuita para los menores de 6 años, así como para los residentes o nacidos en Quesada y para el profesorado.

Los días con entrada gratuita al espacio museístico para conocer la figura de Zabaleta, Miguel Hernández y Josefina Manresa son el 28 de febrero, Día de Andalucía y el 18 de mayo Día Internacional de los Museos.

Villa romana de Bruñel

Los amantes de la arqueología y la historia encuentran en el yacimiento de la Villa de Bruñel una visita, más que recomendada, obligatoria, ya que es un modelo de las casas rurales de la época, cuyos elementos más significativos son los mosaicos romanos que decoran sus suelos y que todavía pueden verse casi intactos.

Todo ello construido sobre el siglo II después de Cristo, con un edificio que contaba con un enorme patio central desde el que se distribuían las diferentes estancias llenas, además de con mosaicos, con paredes estucadas.

Uno de los mosaicos que pueden verse en la Villa Romana de Bruñel de Quesada.
Uno de los mosaicos que pueden verse en la Villa Romana de Bruñel de Quesada. / Portal Clásico

Aunque sufrió un polémico abandono que lo ha llevado al estado de ruina, lo cierto es que este espacio ha sido declarado Bien de Interés Cultural en 2005. Algo que choca de manera frontal con su inclusión, en 2021, en la Lista Roja del Patrimonio de la Asociación Hispania Nostra, que recoge bienes culturales en riesgo de desaparición o deterioro por su mal estado de conservación.

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