Agricultores y ganaderos en La Rioja guardan 2 minutos de silencio por los guardias civiles muertos en Barbate.

Agricultores y ganaderos en La Rioja guardan 2 minutos de silencio por los guardias civiles muertos en Barbate. / EFE/Fernando Díaz

Karlotta trae agua, no sabemos cuánta. La lluvia nos relaja del guantazo climático que padecemos. Hemos progresado, hoy tiramos la carga de los camiones con fruta de Marruecos. La frustración la pagamos con el de abajo, en una cadena darwiniana de sálvese el que pueda. Ahora los gabachos somos nosotros. El progreso. Tirar al suelo cajas de fruta, centenares de litros de leche o de vino como muestra de una desesperación absoluta. No hay márgenes para la supervivencia del agricultor local. Las cuentas de resultados sí cuadran más allá de la tierra erosionada.  

El cabronazo de Michel Houllebecq lo advierte desde hace tiempo en la descripción de unos paisajes rurales y morales decadentes de una Francia que ya no lo es. Una decadencia propia asediada porque los valores fundacionales pierden vigor ante una globalización impuesta también en lo social. Otra caja de Pandora sin abrir aquí. Todo cabe para cuadrar las cuentas, podríamos reducir.  

Pinceladas del desastre en su triple condición de novelista, toca huevos e ingeniero agrónomo. Aunque las referencias son continuas en su obra, en “Serotonina” da protagonismo a ese campo francés que muere literalmente asfixiado por un modelo que ya no renta. “Es un plan social, secreto e invisible, en el que la gente desaparece individualmente, en su rincón”. No, no se lee a quien analiza las deposiciones sociales para alegrarse la mañana dominical. 

Mientras los sindicatos buscan agricultores que les cuadren, el WhatsApp es el muro del desagravio donde hacen piña quienes no ven más futuro que el de hoy. Si queremos ser sólo el Benidorm de Europa está bien, pero no perdamos el tiempo. 

La tierra se erosiona, el material humano hace lo propio. En Barbate, dos guardias civiles fueron asesinados, mientras unos abertzales del Sur jaleaban la hazaña de otros ídolos de barro, narcos de tres al cuarto. Moral de saldo. Los corridos, a este lado, toman forma de narco-rumba para glorificar a pistoleros de mierda. Se agradece, al menos, que aquí, de momento, no se adornen con ideología. Lo que nos faltaba, tener gudaris en el Campo de Gibraltar. Ojalá siga lloviendo.     

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