¿Qué hacía usted en Jaén en julio de 1993? Como en un interrogatorio policial, la verdad es que muchos no lo recordarán. O quizá sí, por ser mes estival. Yo no lo puedo olvidar, porque cubrí como periodista en el Parlamento andaluz una de las informaciones más trascendentales para la historia reciente de esta provincia.

En 2023 se cumplieron 30 redondos años de aquella efeméride. Puede parecer que la Universidad de Jaén ha estado siempre ahí, al lado de la controvertida e inigualable rotonda de los pavos reales. Igual que la autovía que nos une con Granada. Pero es obvio que no. Corría el mes de julio cuando el Parlamento andaluz de ese 1993 dio luz verde a la ley de creación, aunque quien realmente la puso en marcha fue el primer presidente de la comisión gestora y luego rector, Luis Parras Guijosa, compañero de estudios y amigo, amigo, del consejero de Educación, y también jiennense, que tanto empeño puso en que tuviésemos nuestra universidad con plena independencia y autonomía, Antonio Pascual Acosta.

Aquel rector magnífico, como su tratamiento protocolario indica, supo rodearse de un no menos magnífico equipo de hombres, y alguna mujer, todos con mucha buena voluntad, poco gusto por el descanso y toda la ilusión del mundo. Porque la aprobación de aquella ley fue casi como un caramelo envenenado para ese grupo de gestores, que se vieron con un texto normativo en las manos que implantar, aunque sin la financiación justa y necesaria para ello. Pero lo hicieron. Y es que lo de magníficos viene a cuento, como la legendaria película también, porque la comisión gestora que se creó en septiembre de 1993 estaba integrada por el presidente y sus siete más cercanos, (cinco vicepresidentes, el secretario y el gerente… además de los directores y decanos de los centros universitarios, claro). Los recuerdo a todos como si fuera hoy, aunque a uno de ellos especialmente, el primer secretario general, José González García, que tan pronto se marchó, experto en desenredar documentos, traducir al cristiano textos imposibles y poner en orden lo inordenable. “Nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar…”. Ya lo dijo el poeta universal entre los universales, el segureño Jorge Manrique. Lástima que los mejores desemboquen antes de tiempo.

Y para ponerlos a todos firmes y en su debido sitio, como máxima responsable del protocolo en aquella época, la jefa entre las jefas del Rectorado, la gran mujer detrás de los siete magníficos y del rector: Felisa Barroso. A menudo son las personas en la sombra las que más luz dan. También las menos reconocidas en aniversarios y homenajes varios, pero da igual, porque a ellas ni siquiera les importa. A mí sí, ¡Gracias, Feli!

Nuestro paisano Antonio Pascual tuvo un sueño, ya lo he dicho en otras ocasiones, y ese sueño se cumplió. Porque tuvo el acierto de poner al frente de la comisión gestora de la Universidad de Jaén a un hombre igual de duro, o más, que la tarea en sí que le encomendó. Duro por lo incombustible, trabajador, resolutivo y realista. Duro porque no dudó en enfrentarse al propio Gobierno andaluz cuando vio su universidad asfixiada. Duro porque habló, y habla, directo desde su pensamiento, sin filtros, ni medias tintas. Aunque esta cualidad puede que le haya perjudicado. La sinceridad está penalizada, señores.

El flamante rector, Nicolás Ruiz Reyes, tiene desde hace unos meses la responsabilidad de sus antecesores, -Luis Parras, Manuel Parras y Juan Gómez- de dejar la institución académica, al menos, mejor de lo que la encontró, cada uno en un contexto completamente diferente, sin comparaciones, que suelen ser odiosas.

Si veinte años no era nada, imagínense treinta, para una señora Universidad. Hasta ahí puedo leer.

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