La última mano

La última mano

Lo que se mascullaba en asamblea tabernaria toma cuerpo de titular: moción de censura. En esta partida hay quien muestra sus cartas y otros que, por el contrario, parecen no querer ni llegar a la mesa. Pudiera pensarse que Jaén Merece Más va de farol en su presión al PP. Muestra las cartas del PSOE y así mantiene la tensión hasta la siguiente mano. En apariencia, los populares ni se inmutan y aquí cabe la conjetura de que tengan buenas cartas para revertir la situación o, simplemente, que pasen en el amplio sentido del término. Para los segundos, la marcha a otros quehaceres de primeros espadas del equipo del alcalde daría crédito a la operación mudanza.  

El alcalde, Agustín González, elevó algo el tono esta semana y llamó mercaderes a quienes negocian el cambio de sillones, “juego sucio”, incluso. Pero no llegó a acusarlos de tramposos o de esconder cartas en la manga. Nos recuerda la tesitura esa mítica frase de “El Golpe” con Paul Neuman y Robert Redford en estado de gracia: “¿Y qué se supone que podía hacer? ¿Acusarlo de hacer trampas mejor que yo?”  

Para los más iniciados en el póker, a los que no entran en el juego, salvo que tengan una buena mano, se les denomina “liendres”, su juego es conservador, nada arriesgado, son pasivos y, además, se suelen retirar con frecuencia. Sólo con el transcurso de la timba se aclarará la posición de cada cual.  

El verdadero golpe en la mesa, el que da carta de credibilidad a todo el asunto, es el de Paco Reyes que con sus declaraciones públicas avala una operación que daría jugosos titulares a una bancada desmotivada. A Reyes, como esos personajes, apartados de las luces de la mesa, que pululan sobre los jugadores cuando llega la mano definitiva, le basta con una simple caída de párpados para autorizar al tahúr para esa trascendental última mano. En cualquier caso, el salto de calidad de la operación es que el jefe hable de ella en público. Julio, calienta que juegas.  

La moción está en el aire mal encarado de este Jaén con goteras. Se negocian deudas con la banca política que siempre tiene saldo a favor, curioso que se disponga de crédito en función de las circunstancias, cuando a Jaén siempre se le deben un par de rondas. La deuda histórica es una cosa y la quita a la pesada hipoteca que pesa sobre la capital es otra. La primera tiene que ver con el agravio comparativo inversor con otros territorios y la segunda, directamente con la pésima gestión de lo público que alternaron PSOE y PP en el poder. Las cartas, en todo caso, casi siempre marcadas para Jaén. Ya lo dijo un cabroncete de mirada azul hielo: “Si no puedes identificar al pez en la mesa de póker, es porque eres tú”. Mojados estamos, Paul.

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