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Rafael Sánchez Saus
Marronas al rescate
La serranía de Grazalema es un portento de la orografía, un murallón calizo de 1.654 metros en sus picos que se levanta a unas decenas de kilómetros del Atlántico y que actúa como una esponja de las borrascas que vienen del mar. Es también un portento de la hidrogeología: simas, cuevas, sifones y ríos subterráneos corren por debajo de las sierras del Pinar, del Endrinal y del Caíllo para conformar un laberinto secreto y oscuro que ha terminado por reventar en estos días en los que hasta las rocas han estado escupiendo agua.
Está siendo así, de un modo literal. Cada grieta en la piedra caliza, cada fisura en el material gris que conecta estas profundidades con el exterior se ha transformado en un aliviadero de lo oculto. De la sima de la Olla, que es una pequeña grieta en la tierra que apenas se ve, brota ahora un arroyo robusto, una suerte de géiser sureño de aguas azules. La plaza de los Asomaderos de Grazalema es una cascada que vierte sobre un Guadalete muy incipiente aún, y hasta de los enchufes de las casas sale agua y no electricidad.
En enero se recogieron algo más de 1.300 litros por metro cuadrado; ayer, en un solo día, se midieron más de 400, y aún queda bastante por llover. Al pueblo de Grazalema, que es un ingenio de arquitectura adaptada a sus extremos, le reventaron las costuras, sólo la precaución de sus vecinos, su extraordinario urbanismo y los avisos que el día antes lanzaron la Aemet y la Junta de Andalucía han evitado una tragedia.
Grazalema le pone el nombre a una sierra que fue en el medievo la comarca fronteriza de las Siete Villas, completada con Villaluenga, Benaocaz, Ubrique, Zahara y, las más recientes, de Prado del Rey y El Bosque, ese conjunto que se llama de los Pueblos Blancos, y a cuyo nombre turístico cabría añadir de las Rocas Grises y las Aguas Ocultas.
Los vecinos llaman a este fenómeno el reventón, porque los manantiales y los caños brotan de modo repentino cuando la presión freática expulsa el agua hacia la superficie. Y cuentan que en situaciones especiales no sólo brotan, sino que rugen, que por los sifones corren agua y bolsas de aire y que, en efecto, provocan un ruido telúrico cuando escapan de los sifones donde permanecían encarcelados. La sierra está reventando.
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