Santiago Sánchez Traver

Leo Valadez recibe a 'portagayola' a un toro en la Maestranza de Sevilla.
Leo Valadez recibe a 'portagayola' a un toro en la Maestranza de Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

04 de mayo 2024 - 06:00

Acaba de suprimir el ministro de Cultura, el tal Ernest Urtasun, el Premio Nacional de Tauromaquia, según ha manifestado por su decisión personal, y en base a que cree, sin aportar ningún dato científico o estadístico, que la mayoría de la ciudadanía española está en contra del toreo. O sea, con el argumento, evidentemente antidemocrático y de censura, de que es algo que gusta sólo a una minoría.

Yerra al basarse en este argumento. Pues sólo cabe una medida así apoyándose en la ley de bienestar animal, que también cita en su defensa de los derechos de los animales (algo, esto último, en difícil debate teórico jurídico). Pero esa sería su única argumentación, pues en cuanto a derechos de las minorías o a excluir a la tauromaquia de las artes, la cultura y la tradición, pierde totalmente la razón. Esas son las sinrazones de un ministro poco culto.

En cuanto a lo de las minorías ha usado, arteramente, datos del bienio 2021/22. En 2021 no hubo ferias ni corridas y pocas en 2022 en los que volvieron los toros tras la pandemia (Viva la desinformación y manipulación ministerial). Pero los datos de asistencia a las plazas en 2023 y 2024 son casi los mejores de la historia. Como puede observarse en las plazas importantes, con lleno hasta la bandera y reventa por las nubes, como en Sevilla y Madrid. Incluso cita el 2% como cifra de los asistentes a una plaza, como si en una plaza cupieran más. En Madrid ese 2% de habitantes está cerca de los 50.000, por lo que en la plaza apenas cabe un 1% de los residentes de la capital. No entra, por ejemplo, en las audiencias de toros en televisión, que siguen siendo altas.

Pero es que el prohibir algo porque le gusta a una minoría es, por definición, excluyente y antidemocrático. A poca gente le gusta el ajedrez, el badminton o el curling y no por eso hay que prohibirlos. Todo lo contrario, a las minorías, y a los gustos de las minorías, hay que defenderlos, según todos los criterios democráticos de derecho. Y más si son cuestiones de cultura, arte y tradición.

Además, ha tomado esa decisión “personal”, se supone que sólo asesorado por sus asesores “culturales”, sin consultar al presidente y al gobierno del que forma parte. Con la “sinrazón” de que es algo que pertenece a su departamento exclusivamente, como si su ministerio no formara parte de un gobierno de coalición, al que ha metido en un lío. No imaginamos que pueda prohibir el Premio Cervantes porque también le “pertenece”.

En todo caso, tampoco por ideología se sostiene su decisión. Sin ir más lejos, no aprecia que en Francia -donde hay más de cien plazas con ferias y en activo- en la mayoría de las localidades taurinas del sureste y del suroeste los alcaldes son, tradicionalmente, del Partido Comunista.

Finalmente, tampoco puede defenderse con un argumento cultural. Además de que ataca a la pluralidad y libertad cultural, obvia que los grandes artistas plásticos desde hace varios siglos, los grandes literatos, la casi unanimidad de los Premios Nobel de literatura en castellano, son fervientes defensores y partícipes de la tauromaquia. Para él un curioso ministro de Cultura, todos ellos – Goya, Picasso, Lorca, García Márquez, Cela, Vargas Llosa…y una lista interminable- serían maltratadores, criminales, o, incluso como dicen otros antitaurinos, asesinos.

Es evidente que el objetivo final de esta medida es acabar prohibiendo la tauromaquia en España, al pairo de esa ILP que está en marcha. Pero eso es más difícil, porque violaría el artículo 46 de la Constitución, distintas leyes que protegen a la tauromaquia como bien de interés cultural y diversas sentencias del Tribunal Constitucional. Pero vamos, si quiere seguir prohibiendo, que le gusta mucho lo de censurar, le sugiero que vaya echando a la hoguera todos los libros de esos que he citado antes y que se consideraban, orgullosamente, taurinos.

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