Su propio afán
Enrique García-Máiquez
Un pronóstico a ciegas
Sentado en un taburete, cubriendo su cabeza con un sombrero bombín y sosteniendo entre sus manos una guitarra acústica.
Una imagen, la de siempre, que hasta proyectada en cualquier sombra es fácilmente reconocible al instante. No sólo un icono de la música española. La figura de Joaquín Sabina se representa de mil maneras en el pensamiento de cada uno.
En el inicio de este año la televisión pública de todos los españoles vino a regalarnos su despedida de los escenarios y ahí, con los ojos apoyados en el teleprompter para ir disparando las kilométricas letras de sus canciones y su voz desgastada por el paso del tiempo y los desfases de una vida plenamente vivida y mejor disfrutada, entonaba su despedida en el definitivo último adiós a la música.
Me queda clavada la espina de no haberlo visto actuar nunca en directo. El 29 de agosto del año 2007 en la puerta del Hotel Cervantes de Linares una enorme furgoneta abrió sus puertas a la primera hora de la tarde y fugazmente ante nosotros apareció vestido de negro. Al periodista Javier Altarejos, sabinero acérrimo, se le apareció repentinamente su ídolo delante de sus ojos en un visto y no visto.
Poco después José Tomás, de azul purísima y oro, le brindaría en la plaza de Linares dando sentido a los versos de una canción que ocupa un lugar cumbre en la discografía de Sabina con esos acordes salidos de una guitarra portuguesa para reconstruir la historia de España que quedó después de la Guerra Civil.
Habitante de su propio universo. Un verso suelto constante y absolutamente despojado de ataduras. Irónico y metafórico. Ambiguo, bohemio, bibliófilo empedernido, poeta y ubetense. Esto último es lo que siempre me fascinó de él.
Todo un personaje capaz de poner boca abajo Las Ventas sin torear o patas arriba los mayores escenarios del mundo con su voz, era lo que conseguía un tipo nacido aquí.
Un jiennense “rara avis” que se sitúa a la cabeza de ese Jaén insólito pero talentoso que en Úbeda parece impulsarse de forma especial.
Un jiennense irrepetible e inimitable que nos lleva a recordar los versos de García Lorca a Sánchez Mejías, porque no neguemos que tardará en nacer, si es que nace, un jiennense tan icónico y transfronterizo como él.
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