Nebulossa interpreta "Zorra" durante su actuación en la gala final del Benidorm Fest.

Nebulossa interpreta "Zorra" durante su actuación en la gala final del Benidorm Fest. / EFE/Morell

Lo que llevamos a Eurovisión es una canción de Camela con baño tecno y una inteligente dosis de provocación. Quienes la comparan con “A quién le importa lo que yo haga”, de Alaska y Dinarama, tienen una nada sutil disfunción auditiva y un desapego por el acto creativo del copón. Pero también hay quien dice, sin esbozar una sonrisa, que lo de la amnistía es política con alturas de miras y no chalaneo de salón o un desahogo furtivo. Otros, llaman sección de Deportes a lo de Antena 3. Doctores tiene la iglesia.  

Como provocación tiene el trabajo hecho, pero de ahí a elevarla a himno feminista y empoderado media un abismo. No obstante, no quiero contradecir a Pedro Sánchez, nuestro presidente “indie”, que, sobre gustos musicales, tiene buen oído (uno, el otro sólo escucha un zumbido nacionalista muy progresista). Así que, si, desde el púlpito, dice que fetén, pues “ora pro nobis”. 

El pájaro espino de la política española puede convencer a la feligresía de cualquier cosa y si no, ya saben, están a un paso de entrar en el espacio cuántico de la “fachosfera” que, al parecer, no exige derecho de admisión, como las buenas discotecas de los pueblos. La tertuliana Susana Díaz, sin saberlo, acaba de entrar en ese reservado al considerar sobre el asunto: “Que me llamen puta no me parece que me empodere”. Te equivocas, Susana, otra vez.  

Pasamos en este repaso musical del sindiós de Eurovisión o, como acuña, la letra de una zorra de postal, a la sobria puesta en escena del nuevo trovador de la política jiennense, a la sazón, alcalde de Jaén, Agustín González, que se marcó una declamación pública en Fitur glosando las bondades del terruño, a la que no le faltó ni afamado guitarrista provincial. Si acaso, unos coros de Jaén Merece Más, pero se descartó un montaje pimpinesco.  

Pero si hablamos de una “rockstar”, el único zorro de postal, empoderado y grandilocuente es el “Beatle” de Girona, el compañero de pluma (no se vayan al cuero ajustado eurovisivo) que cambió el oficio de juntaletras (periodista) para abrazar la fe política en un caso de reconversión profesional de indudable éxito. Ahora que el periodismo anda huérfano de liderazgos sólidos, renovemos el santoral y jubilemos al bueno de San Francisco de Sales y apostemos por este diablo cachondo que tantos ríos de tinta hace correr en un beatífico guiño a la profesión. A él recurrimos los articulistas cuando no sabemos de qué escribir y esperamos con fervor que, cuando arregle Cataluña y de paso España, se retire al alto Ampurdán para escribir libros telúricos con titulares tan sugerentes como “República de siete segundos”. San Carles Puigdemont tuyo es el poder y la gloria. Nosotros solo somos "chikilicuatres".

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