La tribuna

Ficus indianos y Bartolomé de las Casas

Ficus indianos y Bartolomé de las Casas
Tomás García
- Doctor En Biología

El laurel de Indias (Ficus microcarpa) es un poderoso árbol que nos arrebata el alma en Sevilla con su majestuosa copa, la cual proyecta una generosa sombra, presentando pequeños higos durante gran parte del año y un denso follaje de hojillas coriáceas con un intenso verde brillante. Originario del sur de Asia, Australia y Oceanía, se encuentra naturalizado desde antaño en muchos países tropicales y subtropicales. Las plazas de San Francisco, San Leandro, Santa Ana, Chapina y La Encarnación nos regalan sus deslumbrantes siluetas; otros simbólicos enclaves como el Parque de María Luisa, el Palacio de San Telmo, la calle San Pablo, los jardines del Casino de la Exposición y las riberas de la dársena del Guadalquivir también poseen bellos ejemplares. Su nombre vulgar puede hacer referencia a las antiguas Indias Orientales de las cuales es oriundo o bien a las llamadas Indias Occidentales tras el descubrimiento de Colón. Muy popular en Centroamérica y el Caribe desde tiempos pasados, indianos canarios provenientes de Cuba trajeron a mediados del siglo XIX los primeros plantones de laurel de Indias a España, a la isla de La Palma. Visitaremos por medio de estas letras dos laureles de Indias que por influjos providenciales mantienen un vínculo especial con el dominico sevillano fray Bartolomé de las Casas, quien tuvo una participación activa en las primeras décadas de la colonización hispana del Nuevo Mundo.

Encaminamos nuestros pasos hacia la calle San Pablo, donde un esbelto laurel de Indias se yergue altivo en busca de la luz solar que le es esquiva frente a la actual parroquia de la Magdalena, resto del desaparecido convento de San Pablo el Real fundado en el siglo XIII y donde el ilustre fraile fue consagrado obispo de Chiapas (1544) como indica una lápida en la fachada eclesial. Nos dirigimos después a través de Reyes Católicos al Puente de Triana y, sin acceder a él, bajamos a su derecha a la orilla fluvial y pasamos a los Jardines de Chapina (extraño nombre, pues sus verdaderos terrenos se hallan en la ribera trianera), apareciendo a pocos metros los dos objetivos del corto paseo que hemos realizado hasta el río: 1º.— Un fantástico monumento en piedra, creado por Emilio García Ortiz en 1984 para el V Centenario del Nacimiento de Las Casas y trasladado aquí en 1992, con figuras en relieve que representan al fraile-obispo rodeado de un soldado de época colombina, cuatro amerindios y un navegante de la Mar Océana; 2º. —Un sorprendente laurel de Indias plantado en 1969 que enraíza tras el monolito, mostrándonos el tronco tumbado con unas largas ramas que sumergen sus extremos en el río y originan debajo una especie de cueva natural donde se resguardan las anátidas. Hemos disfrutado de la hermosura natural de dos esplendorosos ficus con caracteres selváticos que nos transportan a legendarias tierras de ultramar a través de ellos mismos y del gran personaje histórico que es fray Bartolomé de las Casas.

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