La tribuna

Los históricos Jardines de La Buhaira

Los históricos Jardines de La Buhaira
Tomás García
- Doctor En Biología

El núcleo fundador de La Buhaira se remonta al siglo XI en tiempos del rey taifa al-Mutamid, quien asienta una almunia o finca para sus veladas musicales y poéticas en el lugar que siglos después conocería Sevilla como Huerta del Rey. Los almohades amplían los terrenos y levantan una serie de edificaciones presididas por un magnífico palacio rodeado de jardines, cultivos y huertas que ocuparían más de setenta mil hectáreas. El término buhaira es de raíz árabe y significa laguna, en referencia a una gran alberca de tres mil metros cúbicos de capacidad, conservada en parte, cuyas aguas procedían de los Caños de Carmona y regaban verduras y legumbres; hierbas aromáticas; viñas y numerosos árboles como naranjos agrios, datileras, perales, ciruelos y manzanos. Tierras fértiles del Aljarafe se acarrearon para su acondicionamiento. El califa Abu Yaqub Yusuf inicia las obras en el mismo año del comienzo de la nueva mezquita mayor, concluyéndose en 1194 en tiempos de su hijo Abu Yusuf Yacub al-Mansur. El maestro alarife elegido para trazar los edificios fue Ahmad ibn Basso, de familia mozárabe de Toledo. “Durante este mes del mismo año (Safar 567/1171) el comendador de los creyentes, Abu Yacub Yusub, ordenó la construcción de sus dichosos palacios conocidos bajo el nombre de al-Buhayra, al exterior de Bab-Yahwar en Ishbiliya” (Ibn Sahib al-Salat, historiador almohade). Bab-Yahwar es una puerta de la muralla que corresponde al Postigo del Alcázar que se halla al final de la calle Judería y junto a la Torre del Agua. Tras la práctica destrucción del palacio en época cristiana, se erige uno de estilo mudéjar del que permanecen restos.

María de los Ángeles Pérez Garvey era propietaria de los terrenos en 1892 y decide levantar sobre las ruinas medievales el pabellón neomudéjar que hoy podemos contemplar. Este palacete ha sido atribuido sin más a Aníbal González, quien contaba quince años de edad en esa fecha y habría de pasar una década para obtener su titulación en arquitectura, siendo más verosímil atribuirlo a Juan Talavera y de la Vega. María de los Ángeles sí encarga en 1928 a Aníbal González una basílica dedicada a la Inmaculada Milagrosa, de la cual sólo prosperaron los basamentos al fallecer el autor al siguiente año. Entre estanques, fuentes y pérgolas surgen unos jardines que albergan palmeras, olivos, naranjos, higueras, limoneros, jacarandas, cipreses, moreras sin fruto, robinias, buganvillas, amapolas de California, arrayanes, mejoranas, tomillos, salvias, mentas o las fragantes lavandas que ya enamoraron a los moradores de la magna Híspalis romana. Los emires y califas que salían del Real Alcázar por Bab-Yahwar montados en bellos corceles de sangre árabe se dirigían a la cercana y amada Buhaira para cantar dulces melodías, recitar tiernos poemas, degustar ricos manjares y relajarse entre frutales y plantas aromáticas dispuestas como hermosos tapices sobre un multicolor vergel florido sin horizonte aparente.

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