Microsoft y la apuesta más cara de la historia de la tecnología

La compañía invierte 37.500 millones en un trimestre para construir la infraestructura de la IA.

Microsoft acelera en la carrera de la inteligencia artificial con un crecimiento del 17% en ingresos

Microsoft.
Susana C. Gómez

29 de enero 2026 - 12:26

Microsoft acaba de presentar unos resultados financieros que merecen una lectura pausada. La cifra titular es impresionante: 81.300 millones de dólares en ingresos trimestrales, un crecimiento del 17%. Pero lo verdaderamente relevante no está en ese número, sino en lo que revela sobre la mayor apuesta industrial de la era digital.

La compañía de Satya Nadella ha decidido jugar al póker con fichas de verdad. En solo tres meses, Microsoft ha invertido 37.500 millones de dólares en infraestructura física: centros de datos, procesadores gráficos especializados, sistemas de refrigeración. Es un 66% más que el año anterior. Para contextualizar: esta cifra supera el presupuesto anual completo de muchas empresas del Fortune 500. En seis meses, han quemado casi 65.000 millones.

¿La razón? Construir la autopista por la que circulará la inteligencia artificial del planeta. O eso esperan.

El negocio que existe (y el que todavía no)

Aquí es donde la historia se vuelve interesante. Microsoft afirma haber construido "un negocio de IA más grande que algunas de sus mayores franquicias". Suena impresionante hasta que te das cuenta de que no especifican cuánto factura realmente ese negocio de IA. Los analistas deben conformarse con saber que Azure, su plataforma de nube, creció un 39%, "impulsada significativamente por la IA". ¿Cuánto es "significativamente"? No se sabe.

Lo que sí sabemos es que el margen bruto de Microsoft Cloud ha bajado del 70% al 67%. Traducción: hacer funcionar la IA es más caro que el software tradicional. Cada consulta a un modelo de lenguaje consume mucha más energía y requiere chips mucho más caros que enviar un correo electrónico por Outlook. La IA promete revolucionar el mundo, pero de momento está reduciendo la rentabilidad.

Microsoft mantiene un margen operativo del 47% mientras gasta decenas de miles de millones en infraestructura. Este ejercicio de equilibrismo financiero notable revela la apuesta subyacente. Están construyendo capacidad para una demanda que asumen llegará. Si se equivocan, tendrán centros de datos infrautilizados por valor de cientos de miles de millones.

Contratos del futuro, ingresos del presente

Uno de los datos más llamativos del informe es que Microsoft tiene contratos firmados por valor de 625.000 millones de dólares que aún no ha facturado. Es el doble que el año pasado. Esto significa que grandes corporaciones están comprometiendo presupuestos a largo plazo para servicios que, en muchos casos, todavía están definiéndose.

Es el equivalente empresarial de reservar mesa en un restaurante que aún no ha abierto, porque todo el mundo dice que va a ser el mejor de la ciudad. Las empresas están apostando a que la IA será imprescindible, y prefieren asegurarse el sitio ahora. Microsoft, astutamente, cobra por adelantado.

Esta métrica es tanto una validación como una presión enorme. Valida que el mercado cree en la IA empresarial. Pero también significa que Microsoft debe cumplir con expectativas astronómicas. Si las empresas no encuentran el valor prometido, esos contratos futuros podrían renegociarse o, peor aún, no renovarse.

El efecto OpenAI

El beneficio neto creció un 60%, pero 10.000 millones de ese beneficio provienen de revalorizar su participación en OpenAI, no de vender productos o servicios. Es como si tu patrimonio aumentara porque la casa que compraste ahora vale más, pero no has vendido la casa ni cobrado un euro.

Sin ese truco contable, el beneficio real creció un 23%, que sigue siendo excelente para una empresa de este tamaño, pero mucho menos espectacular.

La inversión en OpenAI está resultando brillante desde el punto de vista estratégico, pero plantea una pregunta: ¿Microsoft está ganando dinero vendiendo servicios de IA, o está ganando dinero porque su socio en IA vale cada vez más?

Mientras tanto, en el mundo real

Xbox, la división de videojuegos, bajó un 5% en ingresos. Eso después de gastarse casi 69.000 millones de dólares en adquirir Activision Blizzard. Resulta que tener los derechos de Call of Duty y Candy Crush no garantiza que los consumidores gasten más en tu ecosistema.

Este contraste es elocuente. Las empresas están firmando contratos millonarios para servicios de IA que apenas entienden, mientras los consumidores reales están recortando gastos en entretenimiento digital. Estaríamos ante dos economías paralelas: la corporativa, que invierte en la promesa del futuro, y la del consumidor, que se ajusta el cinturón en el presente.

La transformación invisible

Microsoft ha ejecutado una de las mayores transformaciones industriales de la historia reciente, y casi nadie se ha dado cuenta. Pasaron de vender licencias de software (márgenes altísimos, inversión baja) a operar infraestructura física masiva (márgenes menores, inversión estratosférica). Como si Ikea decidiera convertirse en una compañía eléctrica.

El software tradicional era un negocio glorioso: escribes el código una vez, lo copias infinitamente, cobras eternamente. La infraestructura de nube es diferente: construyes centros de datos carísimos, consumes energía constantemente, actualizas hardware cada pocos años. Es un negocio mucho más parecido al de las telecomunicaciones o las utilities que al del software clásico.

La duda es si esta transformación es sostenible. Microsoft está demostrando que puede mantener márgenes envidiables mientras hace esta transición, pero está operando en un entorno donde la demanda crece más rápido que la oferta. ¿Qué pasará cuando se equilibre? ¿Cuando Amazon, Google y otros hayan construido capacidad similar?

El elefante en la habitación: la energía

Construir y operar esta infraestructura de IA tiene un coste energético monumental. Los centros de datos de Microsoft consumirán más electricidad que países enteros. En un momento donde la transición energética es prioritaria, estamos construyendo una industria que devora electricidad para entrenar modelos que, entre otras cosas, te sugieren cómo redactar un email.

Es una contradicción que la industria prefiere no discutir. Prometen un futuro más eficiente mientras construyen la infraestructura más intensiva en energía de la historia. Esa cuenta llegará, ya sea en forma de regulación, costes energéticos o presión pública.

¿Y si tienen razón?

Por supuesto, existe la posibilidad de que Microsoft esté en lo cierto. Que la IA realmente transforme la productividad empresarial de forma tan profunda que estos 65.000 millones en seis meses parezcan, en retrospectiva, una ganga. Que dentro de cinco años sea imposible imaginar empresas operando sin asistentes de IA integrados en cada proceso.

Los 625.000 millones en contratos futuros sugieren que muchas grandes empresas están apostando precisamente por eso. Y Microsoft tiene ventajas genuinas: su integración con Office 365 y Teams les da acceso directo a cómo trabajan millones de profesionales. Si logran convertir esa posición en servicios de IA indispensables, la apuesta habrá sido magistral.

Pero también es posible que estemos ante una de esas burbujas de inversión que periódicamente sacuden la tecnología. Donde la presión por no quedarse atrás lleva a las empresas a gastar masivamente en tecnologías cuyo valor real aún está por demostrar. Donde todos construyen capacidad al mismo tiempo, creando exceso de oferta y destruyendo márgenes.

La diferencia entre un visionario y un temerario a menudo solo se conoce en retrospectiva. Microsoft está jugando la partida de su vida. Los próximos trimestres revelarán si están construyendo el futuro o un colosal disparate.

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