Moreno Bonilla se convierte en la persona favorita de Pablo Motos y aprovecha su 'Hormiguero'

El presidente andaluz no solo fue a divertirse sino a posicionarse en su noche estelar, entre la sensatez y una simpatía casual

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Moreno Bonilla mira a cámara tras culminar una anécdota en 'El Hormiguero' de este lunes
Moreno Bonilla mira a cámara tras culminar una anécdota en 'El Hormiguero' de este lunes / Atresmedia
Francisco Andrés Gallardo

09 de marzo 2026 - 23:04

Como los jugadores que saltan al césped "enchufados", Moreno Bonilla entró al plató con un "wow" a lo José Luis Moreno sabiendo que iba a vivir su nombre más decisiva de los últimos tiempos. La noche en la que le iba a ver de media 2,1 millones de españoles (más de 4 millones de audiencia acumulada). A verle y a escucharle, porque Pablo Motos le iba a preguntar de todo para que respondiera a sus anchas. Un gran regalo. Él ya llevaba un par de botellas de nuestro oro, tan amenazado por los aranceles. Este invitado, que fue domando esa espuma inicial, supo aprovechar con creces el regalo del prime time porque además lo que dijera iba a retumbar las redes y va a resonar en todos los magacines del día después. Hasta imitó a Aznar, con aplauso general, para aparecer en los magacines y zappings.

El inquilino de San Telmo, tan sobreexpuesto en La Suya, se lo tomó en serio, incluyendo chaqueta y camisa oscura en un plató tan azul e iluminado para escenificar su papel de líder simpático y cercano, además de sensato, moderado y educado. Juanma, en definitiva. Lo que "está desapareciendo", reconoció el aludido cuando se habló de la polarización.

Era una noche con bastante tela que cortar. De la emoción a la templanza. Bonilla solo tenía que ser lo que ha sido en estos años. Lanzó ideas y pronósticos claves, como el ocaso de Vox cuando desaparezca, algún día, Pedro Sánchez. Con el PSOE y PP condenados a entenderse y a relevarse con ponderación.

Ya en el primer minuto de silla aludió a su libro, mencionó a su hijos y se puso dispuesto para contar sus anécdotas, tatuaje incluido, gesticulante en esas viviencias y recuerdos. "No veas tú la que me va a caer ahora", intercambiaba cómplice con el anfitrión. Recordó que en él no creía nadie y ahora estaba ahí, como líder y alternativa, sin decir más allá.

Lo mejor de su agilidad estuvo cuando Motos le preguntó si ser guapo (por Pedro Sánchez, en off como los buenos personajes de las telecomedias) contribuía a ganar votos. Moreno Bonilla le inquirió a su interlocutor si la belleza le ha sido indispensable para estar 20 años en la primera linea televisiva.

Un presidente andaluz que fue digno representante de su tierra, se esté o no esté de acuerdo con él, ante el resto de España. Con buena imagen para presentar sus credenciales ante todo el país.

Tuvo sus piropazos a Antonio Banderas y de paso a su alcalde paisano, Antonio de la Torre. Las hormigas le preguntaron por su anillo de constantes vitales, tocó las palmas y hasta se metió con Feijóo para porfiar los kilómetros de costa. Ojalá en este país lo que más nos cabreara fuera medir cuánto miden nuestras playas.

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