Raúl Cueto
Y lo sabes
Aunque no se haya visto ni anunciado, la Inteligencia Artificial está aquí desde hace años. La nueva tecnología, que es capaz de multiplicar varias órdenes la velocidad del procesamiento de la información y de los datos, se está incorporando a todos los ámbitos de la vida y, claro, la salud no iba a ser menos. Son múltiples las utilidades que los gestores sanitarios le atisban a la Inteligencia Artificial. La Junta de Andalucía está volcada con este horizonte digital. Sin ir más lejos, el Consejo de Gobierno ha aprobado recientemente una partida de 316 millones para desarrollar en cinco años la estrategia digital aplicada al sistema sanitario andaluz. El anuncio va en esa línea. Pero de la tecno-utopía de la administración a la tecno-fobia del administrado va un trecho.
Los andaluces no las tienen todas consigo. Tanto es así que una significativa porción de la población, más de la mitad de ellos en varios supuestos, se oponen a que sea una máquina la que se ocupe de las tareas sanitarias. Así lo refleja la respuesta que han dado los encuestados en el barómetro de opinión sanitario publicado en diciembre. Más de la mitad de los andaluces afirma que se sentiría “totalmente incómodo” si tuviera que “hablar con la Inteligencia Artificial –un asistente virtual– durante una consulta médica”. Es lo que ha respondido el 56% de los andaluces preguntados, una cifra más elevada que la media española (50%) y sólo superada por la contrariedad que la prestación sanitaria robótica en una consulta supone para los extremeños (56%) y para los gallegos (60%).
En el otro extremo, únicamente el 4% de los andaluces dice encontrarse “totalmente cómodos” ante la posibilidad de que sea una máquina, la IA, la que hable con el paciente durante una consulta médica –cuatro de cada cien–.
También es mayoritaria la población que rechazaría la asistencia de la Inteligencia Artificial en el caso de que esté a cargo de la evolución de su enfermedad. En ese supuesto, según los datos publicados en el citado sondeo del Ministerio de Sanidad, el 51% de los andaluces preguntados se mostraría “totalmente incómodo”. Como en el caso anterior, la distribución de los andaluces que se oponen a la intervención de una máquina es más elevada que la media del país (42%) y únicamente están superados por los extremeños (52%) y los murcianos (54%).
Menos reacios se expresan los ciudadanos frente a otras prestaciones sanitarias, como son la ayuda de la máquina en los quirófanos o la interpretación de las pruebas diagnósticas, si bien sigue siendo mayoría la “total incomodidad” que despierta el uso de la Inteligencia Artificial en ambos casos. El 47% de los andaluces rechaza de pleno la posibilidad de “someterse a una operación quirúrgica realizada mediante un robot”, frente al 37,5% de la media nacional, mientras que el 37% muestra esa misma “total incomodidad” a que “un sistema de inteligencia artificial interprete sus radiografías”, quedando el rechazo en el 30% de la media autonómica.
No poca tarea tiene por delante la administración andaluza en materia de pedagogía para conseguir que la población termine aceptando de buen grado la inercia tecnológica de los tiempos. Por ahora, según la respuesta ciudadana, la inclusión del hombre-máquina en los centros de salud y en los hospitales tiene todavía visos de una inquietante película.
Con una diferencia notable, los andaluces son los españoles que peor perciben el funcionamiento del sistema sanitario. Son los datos del barómetro publicado por el Ministerio de Sanidad a mediados de diciembre. La encuesta, realizada entre el 12 y el 18 de noviembre, refleja el estado de ánimo de los ciudadanos un mes y medio después de la crisis de los cribados de cáncer de mama. Ese ánimo, por cómo se aprecia en el barómetro de opinión, estaba esos días por los suelos.
Así hablan las respuestas ciudadanas en varias de las preguntas sobre la prestación sanitaria cuando se comparan los resultados de las comunidades: sólo un 4,5% de los andaluces opina que el sistema sanitario, “funciona bastante bien en general”. Es el valor más bajo de todas las regiones de España, cuya media de total agrado es del 12%.
Cuando se pregunta por el grado de satisfacción del sistema público, la nota referida por los andaluces es la más baja: ”Muy insatisfechos”, dice el 12%. Sólo los castellano-manchegos dan esa pésima valoración de su sistema en una proporción mayor (16%), mientras que la media española en esa respuesta es del 7%.
Igual de rotundos se expresan los sondeados si pudieran elegir entre una prestación pública o privada en el médico de familia, especialista o en un ingreso hospitalario: la prestación pública sigue siendo la más alta.
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