Y lo sabes

17 de enero 2026 - 08:00

Alcanzar la lucidez que otorga el tempo es un ejercicio de resistencia y un auténtico acto de rebeldía. Cuando se es joven todo son esperanzas; nos imaginamos en el futuro con la ilusión de cumplir nuestros sueños y anhelando disfrutar de una existencia tranquila y plena hasta el último aliento. Pero, a medida que pasan los años, comprendemos que la vida es injusta por naturaleza y que la nuestra no será un caso excepcional.

Aprendemos a rebajar las expectativas a base de tropezar con la misma piedra una y otra vez. Nuestros anhelos, desvelos, suspiros, lamentos, gemidos, intentos… Todo queda transformado en arena en nuestras manos arrugadas, como un instante pretérito que permanece siempre imperfecto en la memoria y al que, pese a ello, nos seguiremos aferrando para siempre. Porque vivir es hacer que los recuerdos vivan y que, frente al espejo, podamos decirnos con franqueza, orgullo y ligera sonrisa: “Lo mejor de tu vida me lo he llevado yo”.

Y aún recuerdo aquel ayer, como también hace usted mientras lee estas palabras, cuando no había más que futuro en mis ojos. Cómo esperaba y aspiraba, cómo los días eran eternos y las noches mi inmortal refugio. Cada uno de mis pasos me fue formando hasta convertirme en lo que soy hoy; para bien o para mal. Aunque, de tanto querer ser en todo el primero, me olvidé de vivir. Durante esa travesía pasaron por mi lado verdades; en cambio, seguí eligiendo ilusiones. Preferí las falsas certezas a la duda, lo dulce a lo amargo, y aunque siempre quise volar alto y no ser gaviota en el mar, a menudo me perdí contemplando mi propia sombra sobre las aguas…

Me va… Me va la vida, lo reconozco. Y a usted; no se haga la inocente ni la víctima. Venir a este mundo solo para sufrir y aburrirse sería desperdiciar esta maravillosa oportunidad que es respirar cada día. Y es que yo amo la vida, amo el amor… Y sé que, conforme avanzan estas líneas, hay frases que usted está tarareando, degustando cada verso como si fueran lecciones magistrales de esa sabiduría que al principio llamábamos lucidez. Canciones de Julio Iglesias como mandamientos a respetar por toda persona que persiga la libertad de espíritu.

¡Tantas veces yo soñé que soñaba tu querer!, dijo usted una vez en sueños. Y ojalá todo el mundo pudiera sentir esa sensación de sentirse amado, aunque sea en el duermevela de otra persona… Pues no hay mayor plenitud que permanecer en el pensamiento de otro como un deseo correspondido y que se sea tan afortunado en el amor a ojos de los demás que le tengan que decir a uno: “Hey, no vayas presumiendo por ahí”.

Así pues, no escuche opiniones ajenas, pues nadie salvo usted conoce sus sentimientos y sus carencias. No se justifique, no permita que le ofendan, que le manipulen, que le chantajeen, que le traten como una propiedad, que le controlen, que le secuestren, que le encarcelen el alma y, sobre todo, no se ponga a tiro de la envidia, pues la gente tira a matar cuando volamos muy bajo… Al final, amigo, amiga, y permíteme que a estas alturas del artículo te tutee, las obras quedan, las gentes se van. Al final de todo, por mucho que hagamos o dejemos de hacer, la vida sigue igual. ¡Y lo sabes!

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