CRÓNICA

La Virgen de Alharilla, alegría en el Llano y trono en la campiña

La Virgen de Alharilla, de regreso a su ermita en el Llano.

La Virgen de Alharilla, de regreso a su ermita en el Llano. / A.C.B.

Dicen que es en las costumbres y tradiciones donde se refleja de manera más fidedigna la identidad de un pueblo. Para el visitante que pisa por primera vez la romería de la Virgen de Alharilla, servidor sin ir más lejos, resulta sorprendente la manera de sentir tan particular de los porcuneros. El segundo domingo de mayo concentra la alegría del Llano enmarcado entre olivares con la idiosincrasia de un pueblo capaz de asumir las miradas de sus municipios vecinos. No hay más que comprobar que la devoción a Alharilla trasciende lo local para acabar sembrando oraciones entre los romeros de Arjona, Arjonilla, Escañuela y Lopera.

Después de una mañana de camino y peregrinación hasta esta aldea prácticamente sorteada en el inmenso olivar, la Cofradía Matriz recibía a sus filiales para dar comienzo a una cuenta atrás por ver salir a su Virgen. Pasaban las cinco de la tarde cuando las refulgentes ráfagas de la patrona aparecían enmarcadas en el dintel de su ermita, dispuesta a recibir el cariño de sus devotos. Y con el sol acuciante de una siesta insalvable, el cortejo se extendía hasta la carretera en un pulso al calor que no todos los romeros estaban dispuestos a asumir. Ni las banderas ni los volantes se veían capaces de vencer los más de 30º C que respiraba el asfalto al paso de la procesión, que deslucida por este calor sofocante volvía sobre sus pasos hasta la arena más agradable de la aldea.

Era ya con la presencia de la Virgen en las calles del Llano cuando se producía la explosión de oraciones por parte de los devotos. Las canciones se sucedían una tras otra desde los balcones privilegiados de las casas en un alarde de cercanía en el que los anderos elevaban de forma incansable la efigie de su patrona. Resulta llamativa la forma de presentar esta pequeña Virgen al público, con los vaivenes propios de la emoción y más de una "levantá" sin pudor al cielo, casi desafiando a la gravedad. Esto no resulta extraño para el porcunero de a pie, que se ve reflejado en estas costumbres con la misma identidad que brinda un espejo.

La patrona de Porcuna bendice la campiña en su procesión. La patrona de Porcuna bendice la campiña en su procesión.

La patrona de Porcuna bendice la campiña en su procesión. / A.C.B.

Música de Raphael o Joselito

El polvo del poblado se alzaba de vez en cuando queriendo acariciar el glorioso manto de la Virgen de Alharilla, que acompasada por los sones musicales de las bandas acompañantes avanzaba en su discurrir por el callejero circundante a su santuario. La música, otra de las sensaciones más peculiares de esta cita, reunía en una misma partitura marchas procesionales, pasodobles y temas icónicos de la cultura pop. Quizá resulte transgresor escuchar a Raphael o Joselito abriendo el cortejo de la procesión, pero parece que todo tenga buena acogida entre los sonidos que concentra la romería de Porcuna.

Bajo lluvias de pétalos ofrecidas por las hermandades filiales, la devoción porcunera por excelencia regresaba a la lonja de su ermita con un calor ya más dominado por la media tarde. Sonaba "Tres veces guapa" con la algarabía de este piropo repetido en las gargantas de los romeros. Y de nuevo volvían a elevar al cielo los anderos el diminuto rostro de esta Virgen aceitunera. En sus brazos, el divino infante recogía expectante las miradas y súplicas de sus vecinos. Así, tras tres horas de procesión, el Llano culminaba su fiesta a la espera de encontrarse una vez más con la Reina de la Campiña jiennense. 

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