José Luis Marín Weil
Eloy
El sector del aceite de orujo de oliva atraviesa un momento importante marcado por la creciente presión regulatoria en torno a los hidrocarburos de aceites minerales (MOH), un amplio grupo de compuestos químicos que pueden aparecer en los alimentos como contaminantes de origen diverso. Dentro de esta familia destacan dos fracciones principales, los hidrocarburos saturados (MOSH) y los hidrocarburos aromáticos (MOAH), cuya presencia está siendo objeto de creciente atención por la Unión Europea.
Los MOH pueden llegar a los alimentos, ya que no solo afecta al aceite, por múltiples vías, desde la migración procedente de envases o materiales en contacto con alimentos hasta la maquinaria industrial o determinados procesos de transformación o de recogida de aceituna. Esta diversidad de posibles orígenes complica tanto su control como su interpretación analítica, en el caso del aceite de orujo no se sabe con exactitud de donde procede.
Desde el punto de vista sanitario, la preocupación se centra principalmente en los MOAH. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que algunos componentes pueden tener efectos genotóxicos y carcinogénicos al interactuar con el ADN. Por el contrario, la exposición dietética actual a los MOSH no se considera, por ahora, motivo de preocupación para la salud humana, aunque se mantiene la recomendación de continuar investigando sus efectos a largo plazo.
En el propio sector reconocen que el debate regulatorio está todavía en desarrollo y por ello, prefieren no hacer declaraciones en estos momentos de cómo podría afectar. "Sí podemos confirmar que desde el sector estamos centrando todos nuestros esfuerzos para trabajar una estrategia unida y coordinada con las autoridades implicadas a todos los niveles en la implantación del futuro reglamento europeo, que aplicará no solo a los aceites del olivar, sino a otros productos alimentarios”, señalan desde la Interprofesional del Aceite de Orujo de Oliva (Oriva) a Jaén Hoy. Por su parte, desde la Asociación Nacional de Empresas de Aceite de Orujo de Oliva han preferido no realizar declaraciones “debido a que la normativa aún no está aprobada”.
Con estas advertencias científicas, el marco normativo europeo ha avanzado lentamente durante años. La recomendación comunitaria de 2017 instó a los Estados miembros a establecer programas de monitorización de estos compuestos en alimentos y materiales en contacto con alimentos, pero sin fijar límites legales concretos.
Ese escenario está cambiando. La Comisión Europea trabaja en la introducción de límites específicos para los MOAH dentro de la normativa de contaminantes alimentarios, un proceso regulatorio que pretendía a tramitarse este año e implementarse en 2027. A diferencia del aceite de oliva virgen, que se obtiene únicamente mediante procesos mecánicos, el aceite de orujo se produce a partir del residuo sólido de la aceituna tras la extracción del aceite virgen. Para recuperar la fracción grasa restante se emplean procesos industriales que incluyen calor y disolventes, seguidos posteriormente de un refinado.
Sobre el proceso de la fase de refinado, la investigadora del Instituto de la Grasa, María Victoria Ruiz, explica a esta Redacción que el objetivo de este proceso de refinado es hacer el aceite apto para el consumo, ya que permite eliminar compuestos no deseables. Durante el refinado también se modifican características como el color o el sabor, aunque la investigadora recuerda que todas las etapas son necesarias y requieren un control muy cuidadoso.
Mientras se define el marco legislativo definitivo en la Unión Europea, España ha decidido adoptar medidas transitorias para gestionar la presencia de MOAH en alimentos. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha establecido límites de acción temporales en función del contenido graso de los productos. En el caso de alimentos con más de un 50 % de grasa, el límite general se sitúa en 2 miligramos por kilogramo.
Sin embargo, el aceite de orujo cuenta con una excepción transitoria que permite concentraciones de hasta 10 miligramos por kilogramo hasta enero de 2028.
El debate regulatorio se produce en paralelo a una discusión científica aún abierta. Algunos especialistas subrayan que los métodos analíticos utilizados para detectar y cuantificar MOSH y MOAH presentan todavía niveles significativos de incertidumbre. En esta línea, el consultor estratégico del sector oleícola Juan Vilar señala que las herramientas analíticas actuales presentan limitaciones técnicas importantes. “Existen herramientas para medir los límites, pero la precisión de esas herramientas tiene un rango de tolerancia o error que no puede medir con exactitud los propios límites que se pretenden establecer”, explica. En su opinión, esto genera dificultades a la hora de interpretar los resultados analíticos, ya que los métodos de medida no son tan precisos como los límites que se quieren fijar.
Además, existe controversia sobre la interpretación toxicológica de estos compuestos. Aunque determinados componentes de los MOAH se consideran potencialmente genotóxicos, su comportamiento no es idéntico al de otros contaminantes conocidos, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), con los que a menudo se comparan. También se cuestiona el origen real de muchas de las trazas detectadas. La investigadora María Victoria Ruiz subraya en este sentido que, en el caso concreto del aceite de orujo, “no se sabe exactamente de dónde procede la presencia de MOSH y MOAH”.
La combinación de exigencias técnicas, nuevas obligaciones de control y una regulación todavía en evolución dibuja un escenario complejo para el sector del aceite de orujo. España es el principal productor mundial de este aceite, por lo que cualquier cambio en el marco normativo europeo tendrá un impacto directo en su industria oleícola. La adaptación tecnológica, la clarificación científica y la coordinación regulatoria serán factores clave para determinar cómo evoluciona el sector en los próximos años.
Mientras tanto, el debate sobre los MOSH y los MOAH sigue abierto, y con él la incógnita sobre hasta qué punto las nuevas normas transformarán el equilibrio económico y tecnológico de una de las industrias más importantes del sistema oleícola europeo. En paralelo, algunos analistas apuntan a otros factores globales que también podrían influir en el mercado de aceites vegetales.
Según explica Juan Vilar, el aumento del precio del petróleo en la situación convulsa que atraviesa Oriente Medio, está impulsando el uso de aceites vegetales y grasas animales para la producción de biocombustibles. “Si el precio del petróleo sigue subiendo, cada vez más aceites comestibles pueden destinarse a la producción de biodiésel”, señala. Esto podría reducir la disponibilidad de aceites destinados a alimentación, ya que, según recuerda, a nivel mundial se producen y consumen anualmente cientos de millones de toneladas de aceites vegetales y animales para uso alimentario.
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