Ciudadanos de segunda categoría a '80 kilómetros por hora' 

La 'mítica' cobra a Jaén.

España pone el foco en Adamuz y su drama viajero, con permiso claro de Rodalies, sabido es que cuando los accidentes tienen lugar en estaciones de primera se suceden las dimisiones sin necesidad de sesudas investigaciones. La diferencia entre territorios históricos y territorios con historia en un análisis en tiempo real, la magia de la presión política y el valor de cada voto escenificado de manera vergonzante. El principio de ordinalidad aplicado también en asuntos ferroviarios, aunque de grima verbalizarlo y les resulte imposible encontrar las palabras justas para este cambio de agujas. A pesar de esos agravios tan evidentes, el mantenimiento ferroviario cobra inusitado interés, esfuerzos explicativos, voces de expertos, documentados estudios que estarán vigentes hasta la semana que viene.  

Mientras tanto, en un universo paralelo, hay una provincia donde el tren está desterrado por empeño político conjunto, que tiene el dudoso honor de acaparar todos los males que ahora florecen en vías de primera, de alta velocidad, pero en vías y estaciones de tercera. Sin ambages, trenes de segunda para ciudadanos de segunda, pero entendemos que no nos cojan la frase para publicitar las bondades de Renfe con Jaén.  

Esta semana, sin ir más lejos, Renfe y Adif se tiraron los trastos sobre los escombros del tren en la provincia. Acusaciones mutuas para explicar como un tren se paraba y los viajeros tenían que llegar a la próxima estación en autobús. Un clásico jiennense que por el precio del billete puedas tener varias experiencias viajeras. En lo único que se pusieron de acuerdo para explicar el enésimo bochorno fue la necesidad de imponer restricciones de velocidad por el estado de las vías en determinadas zonas. A esa ecuación se suma que los maquinistas se niegan a hacer horas extras en trayectos que no cumplen ni con sus horarios laborales ni con la eficiencia de los viajeros, aunque esto último le traiga al pairo a los responsables de la cosa pública. De esta forma, y no es una novedad de estos días, hay maquinistas que echan el freno cuando su horario laboral concluye. De igual forma, esta semana, Adif redujo la velocidad a diez kilómetros, sí, diez kilómetros, en un tramo de siete entre Andújar y Villanueva de la Reina. Viajamos en blanco y negro.  

Viene esto a colación del mensaje en una botella lanzado desde el Ayuntamiento de Jaén, a modo de moción aprobada por unanimidad, para que el Gobierno de esto llamado España, mire presupuestariamente a Jaén ante la grave situación de nuestros decadentes trenes en imposibles trazados. La moción de Jaén Merece Más retumbará en el eco de las cuentas públicas y, en el mejor de los casos, recibirá la típica verborrea a la que nos tienen acostumbrados cuando nuestros líderes giran por la provincia.  

A modo de lacerantes latigazos en nuestra espalda recitemos este parrafito: “Mientras se debate a nivel nacional sobre alta velocidad o la calidad de los materiales, Jaén sufre una realidad muy distinta, con hasta 47 puntos en los que los trenes se ven obligados a reducir su velocidad por la falta de mantenimiento, y con una velocidad media de apenas 80 kilómetros por hora frente a los 160 kilómetros por hora que se alcanzan en otras provincias como Sevilla”. 

Pues todavía dirán excelsos paniaguados que no caigamos en la melancolía o que huyamos del pesimismo del agravio. Esta última moción caerá en saco roto, como tantas otras, y el ímpetu ciudadano quedará frenado, alternativamente, por representantes públicos a los que les falta gallardía para elevar la voz en el Congreso y el Senado cuando gobiernan los suyos. Más allá de discursos de corta y pega, no encuentran ni tiempo ni formas para dar un golpe en la mesa. Intrascendentes para la historia de esta provincia y tan felices.  

Ilustra esta pieza un garabato contestatario, un Banksy de andar por casa. El autor, Juan Afán, con un mapa y un simple rotulador, propinó un golpe a la línea de flotación de quienes durante años toleraron y toleramos este agravio histórico. La obra, que es de 2019, sigue vigente y cada vez que se esgrime hay quienes intentan explicar lo inexplicable en un lenguaje ininteligible. Farfolla argumental, en esas seguimos.

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