David Jiménez-Blanco: “Jaén no tiene el reconocimiento histórico que merece”

El presidente de la Bolsa de Madrid y autor del libro ‘Conversos’ cuenta la historia de un rabino que llegó a ser obispo de Burgos

David Jiménez-Blanco sobre una imagen de la judería de Jaén.

Año de investigación particular, de un hobby convertido en pasión compartida junto a un buen amigo, se plasman en el libro que ha publicado el presidente de la Bolsa de Madrid, David Jiménez-Blanco. ‘Conversos’ es una obra en la que se narra la historia de aquellos judías que a finales del siglo XIV tuvieron que dejar su religión y adoptar la fe cristiana para quedarse en la Península Ibérica, y lo hace a través de una figura muy particular: la de Salomón Levi

“Empecé a leer un libro sobre la Inquisición y la expulsión de los judíos de España y ahí lo descubrí. Fue rabino de Burgos. Tras convertirse se ordenó sacerdote y acabó siendo obispo de Burgos. Ese es el hilo conductor de mi libro porque su figura me pareció apasionante. Empecé con la pandemia, cuando pensé que con todo lo que había leído podía hacer un libro”, relata para Jaén Hoy el autor.

Le dio forma de libro de viajes, pues en todo este proceso le ha acompañado su amigo Samuel Benjio, quien fuera presidente de la comunidad judía de Madrid. “Gran parte de lo que sé sobre el tema lo he ido aprendiendo de él. Es muy culto y me ha ido interpretando las ciudades a las que hemos viajado”, especifica. 

El libro va desde el año 1391 hasta el 1414 repasando las conversiones pero también los saqueos a los que fueron sometidos todos aquellos judíos que emprendieron su emigración a otros países. Expresamente no se nombra a Jaén en la obra, aunque el autor asegura que los pogromos que se vivieron en Sevilla, el valle del Guadalquivir, Valencia o Mallorca, también se dieron en la provincia de Jaén, “que cuenta con una judería muy bonita”.

“Se trata de contar a través de un protagonista lo que les pasó a cientos de miles de personas. Fue un representante muy extremo, porque pasó de ser rabino a ser asesor del Papa Luna en Castilla, canciller real de Castilla y tutor del rey Juan II, padre de Isabel la Católica. La verdad es que me extraña que no sea muy conocido, porque fue un personaje que estuvo muy dentro de la política de la Iglesia y de la castellana”, agrega sobre la intención de su libro.

Una historia enterrada

Explica además que los vestigios que quedan de la cultura de estas personas son escasos, porque ellos mismos se afanaron en ocultarla. “Los conversos quedan en medio y nadie los reivindica. Son un tema difícil para los judíos porque traicionaron su religión y tampoco son bienvenidos entre los cristianos porque les consideraban unos convenidos. Lo ocultaban en gran medida y se hacían pasar por cristianos viejos. Nadie quería pertenecer al grupo de los conversos”, relata David Jiménez-Blanco. Y a pesar de ello hay constancia de que ilustres personajes de la historia española tienen ascendencia judía, “como Santa Teresa que fue nieta de un judío; San Juan de la Cruz; Miguel de Cervantes también era nieto de judio; o Góngora, del que se reían de su nariz”. “El siglo de oro Español está lleno de gente ocultando su origen, descendientes de conversos”, aclara.

De hecho, cuenta que después de haber publicado el libro ha habido personas de la nobleza de España que le han escrito para decirle que Salomón Levy fue antepasado suyo, pues una de sus hijas se acabó casando con Álvarez de Toledo y está en el árbol genealógico de los Duques de Alba. “Los judíos tenían alfabetización universal de hombres y mujeres desde la época de Jesucristo, mientras que en el cristianismo se empezó a llegar al 50 por ciento al empezar el siglo 20. Es normal que en aquella época hubiera muchos entre los funcionarios y cargos de poder”, detalla el autor de ‘Conversos’.

Encuentra similitudes entre lo que sufrieron aquellas personas y el discurso ultraderechista que está en auge en contra de la inmigración estos días, “el miedo al otro que entra en mi casa estaba antes y está hoy en día”. También tiene claro que el patrimonio que este pueblo dejó en Jaén “no tiene el reconocimiento histórico que merece. “Yo soy de Granada y allí nos pasamos el día quejándonos de que no recibimos inversiones y eso es aplicable multiplicado por varios factores de Jaén. Era un cruce de caminos, al igual que ocurre con Milán, y no tiene el reconocimiento histórico que merece ni mucho menos”.

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