Opinión

A la Federación le estorba la Copa de España de fútbol sala

Trofeo de la Copa de España en la pista del Palacio de los Deportes de Granada.

A la Real Federación Española de Fútbol (RFF) le estorba la Copa de España de fútbol sala. Debe ser así, porque no hay otra manera de explicar el desastre organizativo en el que se ha convertido la que, por nivel de los equipos, es la mejor competición de clubes del mundo. Lo pudo comprobar la provincia de Jaén en sus propias carnes en el año 2022, cuando siendo sede, la presencia del torneo apenas se notó en las calles de una ciudad en la que ni siquiera se hizo presentación oficial del mismo.

Por entonces desde el organismo federativo se argumentó falta de experiencia en la gestión de una Copa que había sido bandera de la extinta Liga Nacional de Fútbol Sala, una con la que he podido trabajar cuatro años y era ejemplo de pocas cosas, pero una era la organización de este evento. Pero un año después tampoco se corrigieron los errores en una edición granadina que sólo salvó el desplazamiento masivo de aficionados de Jaén, a los que les hace falta muy poco para teñir de fútbol sala una ciudad entera. Más aún si es una hermana como Granada y si encima su equipo consigue llevarse su tercer trofeo.

Parecía que habían aprendido de sus errores, que lo de sacar las entradas sin apenas tiempo para planificar los viajes y lo de anunciar la sede sin antelación, se había terminado. Las Copas celebradas en Cartagena (con una fan zone espectacular) y Murcia recordaron a las de antaño, con ciudades volcadas por completo con el evento e impregnadas por el ambiente que aportan ocho aficiones conviviendo durante todo un fin de semana.

Nuevo atropello

Pero estos días se ha confirmado que aquello fue un espejismo, que con la vuelta del torneo a Andalucía, donde debería brillar con todavía más intensidad, vuelve el caos organizativo el perjuicio a las aficiones y el espectáculo. La RFEF había dado vía libre a los clubes para que vendieran abonos (para disfrutar de todos los partidos) y entradas para un día completo hasta terminar con las existencias. Y una semana después, cuando el Jaén Paraíso Interior FS, por ejemplo, ya tenía comprometidos 1.600 asientos, ha cambiado las reglas del juego. No habrá abonos y las entradas sólo permitirán asistir a un único partido y no a los dos de cada jornada como venía siendo habitual desde hace décadas.

Es decir, una persona que quiera asistir a toda la Copa de España deberá comprar entradas individuales para siete partidos. Esto deja a las claras que las personas que toman las decisiones sobre este deporte están muy alejadas de la realidad del mismo, porque las iniciativas deben ir destinadas a llenar pabellones el máximo tiempo posible, a premiar a los aficionados más fieles y atraer a nuevos seguidores, y no a complicarles sobremanera el disfrutar de un espectáculo que es único.

Tampoco han sido muy inteligentes en la RFEF atendiendo al bolsillo, que es lo único que parece afectarles, porque uno se pregunta qué ocurrirá si, como es muy posible, Jaén, Valdepeñas y Manzanares, los equipos que mueven las aficiones más numerosas, no pasan sus correspondientes cruces de octavos. ¿Qué aficionado va a estar cuatro días comprando entradas para partidos en los que no está su equipo? ¿Alguien en la Federación se ha preguntado lo dañino que puede ser para el fútbol sala que durante el fin de semana se vea el Palacio de los Deportes de Granada con una entrada mínima? Y ojo, que no hablamos de un pabellón pequeño sino de uno que es capaz de acoger a más de 7.000 personas.

Las reacciones federativas a los comunicados de aficiones indignadas en anteriores ediciones, la repetición de los errores organizativos, la ausencia de una inversión mínima en promoción y la sensación de dejadez (esperemos que sea eso y no incompetencia) generalizada que sienten los aficionados del fútbol sala alrededor de este torneo, da que pensar que a la Real Federación Española de Fútbol le estorba la Copa de España.

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