Nada puede con la ilusión por los Reyes Magos en Jaén
Le llovió de lo lindo a la cabalgata pero sus integrantes estuvieron arropados por miles de jiennenses en las calles de la capital
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Un año entero portándose bien es mucho esfuerzo como para dejar pasar la ocasión de recordárselo a Sus Majestades en persona. Por eso, a pesar de la lluvia que cayó con fuerza antes, durante y después de la cabalgata de los Reyes Magos, a los padres de Jaén capital les fue imposible contener la ilusión de sus vástagos. Así, media hora antes de que comenzara el cortejo desde la plaza de Santa María, esta ya presentaba un aspecto más que acogedor.
Con todos mirando al cielo, eso sí, esperando que la meteorología respetase la decisión de la Concejalía de Cultura de dejar desfilar a la realeza de oriente. No duró mucho la tregua que dieron las nubes pero el agua sólo consiguió que los chicos de la Filarmónica tuvieran que refugiar sus instrumentos bajos los pórticos de la calle Campanas y poco más, porque de las aceras no se movía nadie.
Muchos de los más pequeños tuvieron que encaramarse a sus carritos donde padres y madres se encargaron de embutirlos aún más de lo que ya iban, ya nada iba a impedirles ver desfilar a los ángeles, los personajes de la saga Harry Potter, habitantes del antiguo Egipto e incluso dragones chinos. En total 700 valientes que desafiaron al frío y a la lluvia y que conformaron un desfile que acabó completando su recorrido reducido, con algo más de ligereza en los pies de los habitual, pero habiendo lucido sin duda a sus estrellas absolutas.
Paraguas con doble uso
Gaspar, Melchor y Baltasar, con sus respectivos séquitos y desde lo alto de sus carrozas, desfilaron ante miles de niños jiennenses que les gritaban sin parar, saludándoles a saltos y sólo deteniéndose para lanzarse al suelo a por los caramelos y chucherías que estos lanzaban sin parar desde sus carruajes. Pero no fue mucho lo que tocó las empapadas baldosas porque aquellos paraguas que embovedaron al público durante toda la tarde se daban, sin magia de por medio, la vuelta para cazar los caramelos al vuelo.
Fueron generosos en su reparto Sus Majestades y nadie se fue descontento, aunque muchos sí a la carrera para meter bajo las enaguas los empapados calcetines. Y es que, aunque la ilusión por ver a los Reyes Magos en la calle de Jaén fue tanta que ni la lluvia pudo con ella, esta alcanzará esta noche su punto más álgido cuando antes de irse a dormir dejen leche, agua, galletas o mantecados en el árbol esperando que desde oriente se los cambien por sus merecidos regalos.
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