La llama de la San Antón de Jaén no hay cambio alguno que la apague

Fue la más multitudinaria que se recuerda, tanto en número de participantes como en cuanto al público que animó sin parar

Consulta aquí tu puesto y marca en la clasificación de la carrera de San Antón 2026

En imágenes: la élite del atletismo mundial y nacional exhibe su clase en la Carrera de San Antón 2026
En imágenes: la élite del atletismo mundial y nacional exhibe su clase en la Carrera de San Antón 2026 / Esther Garrido

Si la llama del templo de Vesta era el fuego sagrado y eterno de la antigua Roma, custodiado por las vírgenes vestales, que no se apagaba nunca, simbolizando la vida, la continuidad y la prosperidad de la ciudad; la llama que mide el bullir de la ciudad de Jaén es el de su San Antón. Y hay que decir que a juzgar por lo visto en la noche de este sábado: brilla como nunca. Y eso que las circunstancias que envolvieron a la cita no fueron las mejores. Hubo cambio de salida y meta a última hora, por las dichosas grietas que una construcción provocó en la calle Unicef, y además durante toda la semana la lluvia había amenazado con arruinar la Carrera Urbana Internacional en honor al patrón de los animales. Pero nada pudo ni siquiera mitigar el fulgor de Jaén en su noche estrella.

Miles de vecinos se echaron a las calles, cada uno con su papel. Porque en esta cita es tan importante el que corre como el que anima. Y en ambos sentidos es imposible recordar una edición más multitudinaria que la que se vivió en la noche de este sábado. La serpiente multicolor, encabezada por los corredores de élite, partía de los pies del Corte Inglés hasta la iglesia del Salvador dejando una estampa única a los ojos de los balcones de la zona. Decenas de miles de ojos pendientes de un pistoletazo de salida que apenas podrían ver incluso siendo uno de numerosos drones que sobrevolaron a la muchedumbre.

La espera se hizo amena entre cánticos, fotos y últimos calentamientos porque, aunque no lo pareciera, allí se había ido a correr. Además a hacerlo ‘disfrutando’ de las cuestas de la capital del Santo Reino desde el primer momento, porque esta 43ª edición no concedió ni el Gran Eje para aclimatarse. Se pasaba por el arco de salida y, ¡pum!, la avenida de Madrid con engañosa pendiente. Porque uno todavía va fresco y se confía al llegar a su cumbre, acompañado por el ritmo de la batucada, pero queda mucho trecho por delante.

Cabe agradecer que, al margen de las diferentes agrupaciones musicales que el Ayuntamiento distribuyó por el recorrido, no fueron pocos los jiennenses que dieron un paso más en su animación y, además de dejarse la garganta y las palmas en el empeño, asomaron a sus balcones y pusieron a pie de calle numerosos altavoces enormes. Se hicieron así algo más llevaderos los tapones, incrementados por el inédito número de participantes, que tuvieron que sufrir (algunos agradecieron, pues el cuerpo da para lo que da) los corredores más humildes, los del gigantesco y animado vagón de cola.

Ventajas de mal runner

A ese ritmo de caballo percherón cabe apuntarse que se disfruta mucho más de la imponente vista de la Catedral de la Asunción (premio a haber sobrevivido a los Escuderos) y se lleva mejor la envidia que siente uno cuando pasa entre las terrazas abarrotadas de la calle Bernabé Soriano. Ellos se pierden el cariño de los habitantes del barrio de Santa Isabel o el desafío que supone la avenida de Andalucía sabiendo que este año en su pico no se encuentra la meta.

Es lógico que, casi ya al final de la carrera, sean menos los valientes que gritan al pasar por el túnel del Gran Eje y que la vuelta a la avenida de Madrid sea más dura que una visita a la báscula después de las navidades, pero ya por entonces huele a humo, y a barbacoa, por toda la ciudad y uno sabe que tanto la meta como el refrigerio están a unas pocas zancadas.

Se acaba la carrera casi sin darse cuenta. Se rodea uno de abrazos, besos, selfies y celebraciones de todo tipo de aquellos que han cumplido con la tradición, que han conocido por primera vez una carrera muy especial o que simplemente se han acercado a vivir el ambiente. Y casi todos tienen en común dos cosas: que después van directos a una lumbre a seguir honrando como se merece a San Antón, y que han vivido una de esas noches que no se olvidan con facilidad.

stats