Juana González
Otro 8-M
Si hoy es miércoles faltan cuatro días para celebrar otro Día Internacional de la Mujer, una jornada más para proclamar las mismas frases manidas de siempre que yo, a poco que me descuide, seguro que vuelvo a repetir en algún punto de este artículo. Pero no me malinterpreten, por supuesto que hay que reivindicar sin tregua, organizar mil y una actividad/manifestación, abrir los informativos con eso… todo es siempre poco.
A mí no me basta un día. Así lo digo. Propongamos un año entero, a ver si así cuaja alguna propuesta o se nota el avance de verdad. Porque, como nos pongamos a repasar desigualdades punto por punto, da un poco de vergüenza ajena, sobre todo, si entramos en detalle, como dice mi amigo Manolito cuando le preguntan por la salud.
-¿Cómo estás, Manolito?
-Bien, si no entramos en detalles
En fin. Si echamos la vista atrás, hay que agradecer que podamos entrar en un bar solas (no sé por qué me ha venido esto lo primero a la cabeza…) o abrir una cuenta a nuestro nombre en un banco, cosas simples que en tiempos de mi madre, sin ir más lejos, o estaban prohibidas directamente o muy mal vistas (me sigo refiriendo al bar). Así que, sí, en cincuenta años podemos decir que a simple vista se han dado pasos pero, a menudo, de cara a la galería. Como la dichosa paridad obligatoria, tan discriminatoria en sí misma como la supuesta discriminación que quiere eliminar, valga la redundancia. No hacen falta mujeres florero para quedar bien con la famosa ley orgánica del 60/40. Ya va siendo hora de que la profesionalidad y la valía no haya que demostrarlas siempre, por sistema, mientras que al hombre se suponga que le viene de serie, como el valor a los toreros. Lo he dicho muchas veces, cuantísimo hombre inútil tenemos en cargos de toda índole, que a saber cómo han llegado hasta ahí, mientras que encontrar a mujeres torpes en el poder cuesta la misma vida. Alguna hay, pero en proporciones ridículas si se compara con ellos. También hay sectores y sectores, entiéndanme. Solo hay que ver las fotos de algunos actos en las que solo aparecen señores y sacar las propias conclusiones.
Mientras haya supuestos feministas que presumen de serlo y luego se van de putas, como nuestro querido Ábalos, seguirán haciendo falta muchos 8-M. Aunque a mí me parece que son infinitamente peores los que usan su cargo para abusar de sus compañeras de partido o de empresa. Ya sabemos qué pasa en todos los partidos aunque, últimamente, mucho más en la izquierda. Cosa curiosa. Por no hablar de los malnacidos que se aprovechan del miedo, del pavor, a perder el puesto de trabajo de sus subordinadas. El último caso sonoro es el del número dos de la Policía Nacional, el comisario Jose Ángel González, que presentó su dimisión cuando su compañera presentó la querella por agresión sexual.
A todos nos vienen ejemplos a la cabeza que, en muchas ocasiones, no salen a la luz y quedan impunes para siempre. Por muchos 8-M más.
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