La Carolina se despide de una ferretería con cuatro generaciones de historia: "He sido muy feliz todos estos años"

Negocios con solera

El negocio familiar, fundado a finales del siglo XIX, da la bienvenida a la jubilación tras décadas al servicio de la capital de las Nuevas Poblaciones

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Fotografía antigua de la fachada de la ferretería El Llavín, situada en la calle Sagasta.

Tras casi 130 años de historia y cuatro generaciones al frente, la ferretería El Llavín, uno de los negocios más emblemáticos de La Carolina se prepara para cerrar definitivamente sus puertas. Lo hará a finales del mes de febrero, poniendo punto final a un negocio familiar que ha acompañado a varias generaciones de vecinos y que forma ya parte de la memoria colectiva del municipio.

Al frente del establecimiento se encuentra Benito César García, último heredero de una saga iniciada por Francisco Aufinger, uno de tantos colonos centroeuropeos que se asentaron en la capital de las Nuevas Poblaciones. Sin descendencia dispuesta a continuar el oficio —sus dos hijos optaron por otros caminos profesionales—, Benito se ve obligado a cerrar “muy a mi pesar”, poniendo fin a una trayectoria que comenzó con su abuelo, continuó con su padre y que él mismo ha mantenido durante décadas.

Benito creció entre estanterías, tornillos y herramientas. Mientras sus hermanos eligieron otros estudios, él decidió muy joven que su futuro laboral estaba en el negocio familiar. "Mi aprendizaje estaba aquí abajo, en la ferretería. Le di el disgusto a mi madre, porque quería que estudiara, pero la verdad es que he sido muy feliz durante mis años aquí”, asegura a Jaén Hoy.

Benito García, actual regente de la ferretería El Llavín

La noticia del cierre ha generado sentimientos encontrados en el municipio. No son pocos los que se acercan al establecimiento para despedirse y preguntar por el futuro. García reconoce la mezcla de emociones que experimentan los clientes: “Hay quien se alegra, pero también hay mucha gente que le sienta un poco mal, que están acostumbrados a ir a diario allí a por un simple tornillo o por lo que sea, y sé que hay quienes les va a costar trabajo encontrar otro sitio".

Sin embargo, aunque la ferretería cierra, queda la posibilidad de que su legado continúe de una manera distinta. "Ahora mismo tenemos un empleado y baraja montar algo por su cuenta", apunta el propietario. Pese a que no será El Llavín ni estará ubicado en el mismo local, si que promete mantener el espíritu del oficio: "Es una continuación del negocio, pero ya con otro apellido y vamos a ver si le podemos echar una mano".

Ahora, Benito encara una nueva etapa marcada por la jubilación y el tiempo en familia. “Más contenta que yo está mi mujer. Ahora a dedicarme un poquito a mis nietas, que no las tengo aquí, las tengo fuera”, concluye. Con el cierre de la ferretería no solo se apaga un negocio, sino una parte de la historia cotidiana de La Carolina, construida día a día entre mostradores, confianza y trato cercano, y que permanecerá en la memoria de quienes la visitaron durante décadas.

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