Precaución y cuidado para los alérgicos: Jaén se convierte en la segunda provincia española con mayor nivel de polen

Los registros de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica sitúan a la provincia en alerta alta por la elevada concentración de gránulos por metro cúbico

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Mapa de los niveles de polen de cupresaceas en Andalucía.

El invierno en Jaén ya no es ese paréntesis silencioso para quienes viven pendientes del aire. Mientras los árboles parecen detenidos y las calles respiran frío, millones de partículas invisibles flotan entre parques, setos y avenidas, anunciando una estación que para muchos nunca se detiene. Los datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEIAC) dibujan ese paisaje oculto: el polen de las cupresáceas —arizónicas, cipreses, tuyas o enebros— se instala como protagonista inesperado del calendario invernal.

Durante este mes de febrero, la provincia registra niveles que mantienen en alerta alta a quienes padecen alergia respiratoria, pese a que es casi el único alergénico con incidencia significativa en esta época del año. Ejemplo de ello son las urticaceas, que presenta riesgo moderado según la SEIAC.

En las últimas semanas, los niveles han superado los 135 granos por metro cúbico, considerado el umbral de riesgo alto, alcanzando un pico máximo de 2.035 granos/m³ el pasado 9 de febrero, y sumando un total de 9.402 granos/m³ en el último mes. Tras las cupresáceas, las urticáceas, como las ortigas o parietarias, presentan un riesgo moderado, aunque su influencia es menor en invierno.

Gráfico de los niveles de polen de cupresaceas del último mes / SEAIC

Aunque muchas personas asocian las alergias respiratorias con la primavera, existen pólenes que comienzan a liberar partículas mucho antes. Las cupresáceas son uno de los ejemplos más claros: árboles y arbustos presentes en parques, jardines y setos urbanos que polinizan desde finales de otoño hasta principios de la primavera. Su abundancia en zonas urbanas y residenciales ha aumentado en las últimas décadas, convirtiéndose en uno de los principales desencadenantes de la alergia invernal.

Durante los meses fríos, estas reacciones pueden confundirse con resfriados o gripe, lo que dificulta su diagnóstico y hace que muchos pacientes no tomen las precauciones necesarias. Expertos en alergología advierten además que fenómenos climáticos recientes, como cambios en los patrones de lluvia, están adelantando y prolongando la temporada de polinización. Esto se traduce en periodos más largos de exposición y síntomas más intensos incluso para personas que no habían presentado alergias previamente.

Medidas preventivas

Frente a esta situación, las autoridades sanitarias recomiendan que las personas alérgicas conozcan qué tipo de polen les afecta, los periodos del año en que se producen las floraciones y los niveles de concentración en el aire. Consultar predicciones polínicas diarias puede ayudar a planificar actividades y reducir la exposición, especialmente durante los picos de dispersión.

Es fundamental seguir la medicación prescrita por el alergólogo de manera estricta, incluyendo antihistamínicos, descongestionantes o aerosoles nasales. Se debe tener en cuenta que estos fármacos pueden provocar somnolencia o disminución de la atención, por lo que conviene extremar la precaución al conducir o realizar actividades que requieran concentración.

Para minimizar el contacto directo con el polen, se aconseja el uso de gafas de sol y mascarillas, así como lavarse con frecuencia las manos, la cara y los ojos con agua fresca o suero fisiológico. La higiene del hogar también juega un papel crucial: limpiar el polvo con aspirador y bayetas húmedas, evitar la proliferación de ácaros y utilizar filtros de polen en los sistemas de aire acondicionado de viviendas y vehículos contribuye a reducir la exposición dentro de casa.

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