El bordador, el orfebre y el mayordomo

26 de febrero 2026 - 03:09

En la Sevilla de hace un siglo, de notable crecimiento demográfico, social y económico, en gran parte impulsado por la Exposición de 1929 y la dictadura de Primo de Rivera, sería notable la proliferación de bordados y orfebrería procesionales de muchas hermandades de entonces que han llegado a nosotros como modelos icónicos e irrepetibles de una etapa de esplendor. Con motivo de la magnífica exposición Cayetano González. Maestro de orfebres (1896-1975), me viene a colación la labor extraordinaria que en aquella ciudad, que aspiraba a salir del provincianismo decimonónico, llevaron a cabo tres personajes clave hermanos de El Silencio; el bordador José del Olmo, el orfebre Cayetano González y el ingeniero y mayordomo de la hermandad Luis Ybarra. A ellos habría que añadir dos mujeres fundamentales en el desarrollo artístico de las cofradías de aquellos años; la diseñadora Herminia Álvarez Udell y la maestra bordadora Concepción Fernández del Toro.

Pero al margen de sus actividades profesionales y de sus devociones, el bordador, el orfebre y el mayordomo gozaron de una evidente sinergia personal, que fue mucho más allá de su vinculación con la Hermandad de Jesús Nazareno; y que explicaría la sintonía laboral de los tres cofrades; y la bohemia de las noches sevillanas que fue siempre testigo de su amistad y avatares profesionales. Hombres de su tiempo, de aquellos felices años veinte, vivieron intensamente la ciudad y sus circunstancias, atendiendo siempre a las directrices cofrades del cardenal Ilundain. Con el tiempo, quedará en las historias cofrades la memoria de Luis del Olmo y de Cayetano González, pero el mayordomo ingresará en esa lista anónima de los Primitivos Nazarenos que dieron lo mejor de sus vidas sólo por devoción y gloria a sus Sagrados Titulares.

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