Con la venia
Decíamos ayer...
Con la venia de los lectores, retomamos en la presente cuaresma esta columna de opinión, algo más de diez años después. Si bien el tiempo aspira a ser siempre terapéutico para todas las hermandades; no es menos cierto que las cofradías de hace una década, con sus luces y sombras, han experimentado una evidente evolución paralela a la del resto de la sociedad sevillana. La pandemia y sus consecuencias, así como las nuevas leyes protectoras de identidades privadas o colectivas han transformado muchos cánones procesionales. En el transcurso selectivo que impone Cronos se ha incentivado a determinados colectivos, que ya entonces se veían como determinantes; costaleros, capataces, bandas de músicas, etc. Pero en este proceso evolutivo de las hermandades, por el contrario, no se ha prestado, salvo excepciones, el mismo criterio de valorización a los nazarenos de cera o cruz. Las nóminas de las cofradías han crecido; y las mayordomías también. Pero la cantidad no ha sido proporcional a la calidad en la formación de los nuevos cofrades.
Seguimos teniendo la misma falta de identificación cristiana, y no sólo en las “tripas” de los cada vez más prolijos e incontrolados cortejos procesionales, sino en las abarrotadas calles de la ciudad. Además, las profusas redes sociales y de comunicación modernas han introducido cambios consustanciales y definitorios; y lo que está por venir con la pujante IA. Es un campo peligrosamente abonado al nihilismo, a la deflación de los fundamentos cristianos, que los cofrades debemos fiscalizar siempre por el bien de las hermandades para admitir que, a pesar de todo, cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor.
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