Sí a todas las proposiciones indecentes
Sí a todas las proposiciones indecentes
Escribo sobre la Supercopa de España antes de que empiece la final y, por tanto, de que se corone el campeón que usted ya conoce. Me importa una higa. El tinglado que ha montado la Real Federación Española de Fútbol, que va de la mano de LaLiga en el pernicioso camino que da la espalda a los aficionados, ha hecho que mi interés en este torneo sea ínfimo.
Cuando surgió la idea de llevar la Supercopa fuera de España me pareció una proposición indecente, como aquella mediocre película noventera en la que Robert Redford ofrece un millón de dólares al matrimonio Woody Harrelson-Demi Moore por acostarse una noche con ella.
Pero unos años después aquí nos encontramos, con miles y miles de aficionados del Athletic Club, tan fieles para seguir a su equipo en las ocasiones especiales por toda España, resignados a seguir por televisión la paliza que el Barcelona le infligió a los tiernos peluches aleonados.
Ya se ha normalizado, así en España como en Italia, que la Supercopa la jueguen cuatro, para ampliar los partidos y con ello los ingresos televisivos, y que la sede se subaste como un bodegón, al mejor postor. Arabia ofrece equis, pero Catar levanta ahora la mano al fondo. Y la hinchada de los cuatro equipos, cediendo sus butacas a exóticos aficionados de Oriente Medio que no paran de grabar con sus iphones de última generación.
Mientras, Javier Tebas no va a rendirse en su propósito de mandar un globo sonda en forma de partido de Liga a Miami, y que el personal vaya pasando por el aro una vez más.
Todo, todo se va a ir naturalizando a pesar de ir contra natura. Ahora llegan unos octavos de Copa en los que los cuatro de Supercopa, exentos hasta esta ronda, lo que ya es inadmisible, se han emparejado con los de inferior categoría, no vaya a ser que el contrato de la Supercopa en Oriente Medio se resienta con ausencias de postín. Y los clubes transigen. Transigen y dicen sí. Como Demi Moore.
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