NOTAS AL MARGEN
David Fernández
El 28-F de la emoción y el entretenimiento
ANTES de que ayer se entregaran las Medallas de Andalucía, varios escépticos señalaron al Gobierno andaluz en petit comité por convertir la celebración del 28-F en una gala de las artes y el folclore, devaluando en parte el acto institucional. Que si no se pueden repartir tantas medallas, que si Juanma se abraza al populismo con tantos personajes... A su juicio, sobra tanto espectáculo y lo suyo sería un acto sobrio de una hora y media con no más de una docena de galardones para distinguir a las mejores cabezas de Andalucía dedicadas a la ciencia, la investigación, la medicina, las artes y las letras, y por supuesto con el Himno enlatado. Defienden que los del 28-F no son unos premios más y puede que lleven parte de razón. Pero hay que reconocer que el equipo de Moreno es capaz de bordar estos eventos emotivos pensados para la televisión y le funciona, aunque el talento andaluz y la cultura del emprendimiento queden algo eclipsados con tanto arte.
Andalucía es mucho más que la tierra de las artes y no pocos premiados señalaron ayer el camino a seguir. No faltaron chispazos que tocaron la fibra sensible, pero cuando se reconoció al pueblo de Adamuz, el pellizco puso al teatro en pie y el sentimiento fue doble. Por un lado, el dolor al pensar en las víctimas y sus familiares, pero también el orgullo del trabajo bien hecho en circunstancias extremas y la imagen de unidad que se ofreció ante una tragedia de magnitud desconocida hasta entonces. Ahí apareció el rostro más generoso del pueblo andaluz y su capacidad de reacción. Por desgracia también apareció en el reciente temporal. Hasta la clase política, que nos acostumbra a no respetar ni la memoria de los que ya no están, exhibió una lealtad institucional que llamó la atención de todo el país. El propio Juanma, como medio patio de butacas y algunos premiados antes, se vio superado por la emoción al recordarlo, pero las lágrimas no le impidieron terminar su discurso. Siempre habrá tiempo para preguntarse si el 28-F se trata sólo de acercarse a los andaluces para alegrarles el corazón con un acto entretenido o si hay que reflexionar sobre un formato más o menos largo. Nadie reparó en ello ayer cuando se presentaron de la mano los alcaldes de Grazalema y Ronda con los vecinos que se vieron desalojados, ni cuando Manuel Carrasco se dejó llevar por el corazón y sus manos. En cualquier caso, lo que no admite dudas es que Andalucía hace años que se sacudió los complejos para competir de tú a tú con cualquier territorio para atraer talento e inversiones. Y de esto hemos de presumir aún más.
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