He tenido la ocasión estos días de participar en una tertulia televisiva en la cual se debatía en torno a la Alcaldía de Jaén. Una Alcaldía que estos días se juega en la trastienda de la política y en la que el partido localista Jaén Merece Más negocia la moción de censura al Alcalde popular Agustín González, con las altas jerarquías del PSOE.

Como en toda intriga palaciega, el hecho de que Jaén Merece Más ponga los cuernos al Partido Popular para entregarse en los brazos de su archienemigo PSOE, hace que el tema sea en torno al que giren los corrillos, debates y tribunas en toda la ciudad, ya sea en la barra del bar o en los diferentes medios. Algo que suele amplificar el debate y la crítica que se suele cernir sobre el partido pequeño que tiene las llaves de la alcaldía.

En una de las entrevistas concedidas por el presidente de Jaén Merece Más, el bueno de Juan Manuel Camacho se quejaba de que mientras en Cataluña o el País Vasco la opinión pública alababa que los representantes políticos independentistas sangraran al gobierno de turno arrancando mejoras para sus regiones, aquí había la sensación de querer pasar el cuchillo por el gaznate por el hecho de negociar algunas de las históricas demandas de nuestra tierra. Sin embargo, el hecho de que la sociedad jiennense no tire cohetes cuando un partido provincialista se siente a negociar estas reivindicaciones es una cuestión de educación. O en este caso, de doctrina social.

A los jiennenses no se nos ha instruido durante décadas en el discurso del odio a España. El jiennense medio, no ha vivido el bombardeo continuo durante generaciones de que somos una región especial, que está ocupada por un Estado malhechor al que tenemos que arrancarle todas las tripas porque lleva siglos expoliándonos. En Jaén nunca tuvimos una TV3 que, con dinero de todos, nos dijera que Jaén es un país dentro de un Estado, ni el famoso “Espanya ens roba”.

Todo lo contrario. El jiennense medio ha crecido bombardeado por un Canal Sur de copla, Juan y medio y Feria de Sevilla. Se le ha conformado con míseras pagas que dan lo justo para vivir, pero no alcanzan para soñar. Se ha ido construyendo una sociedad conformista y conservadora, pero sobre todo, carente de cualquier atisbo de ambición que pueda prender la mecha del sentimiento de región agraviada.

Solo cuando el olvido, el ninguneo y el pisoteo es tan agraviante como el que vivimos hace unos años tras dejarnos con cara de tontos al llevarse nuestro gran proyecto a Córdoba, nos levantamos y salimos a la calle. Pero para cuando se nos pasa el cabreo, los de siempre salen a la palestra y amansan al rebaño con promesas desgastadas y miserias conocidas.

El que la gente aplauda al unísono que un partido provincialista saque pecho por esta provincia, no es una cuestión de conciencia. Es una cuestión de educación. O en este caso, de mala educación.

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