Uno de los síntomas de nuestra sociedad es la rigidez mental. Una estrechez de miras que pasa por anquilosarnos en nuestras certezas como si fuesen la única verdad. Verdades que además aireamos alegremente en un alarde por mostrar la arrogancia que aísla y excluyendo nos encierra.

De igual modo que cualquier cuerpo debe de gozar de cierta elasticidad y flexibilidad para asegurar su funcionalidad sin poner en riesgo la salud, así, a nivel mental, debemos cultivar y entrenar esta misma cualidad si queremos vivir desde cierta tranquilidad, respetando la diversidad que hace saltar la uniformidad. Lo propio del ser humano es saberse uno en esencia y múltiple en experiencias. No todo es para todos, pero sí todos deben de poder aspirar a todo.

Apostar por la flexibilidad, la apertura y la tolerancia es nuestros días es permitir que la sociedad actual pueda elevarse sobre unos baluartes fuertes que aseguren la convivencia pacífica. Querer que el otro sea como yo soy o deseo ser, es reflejo de la dictadura en la que vive nuestra racionalidad pueril. Es más que saludable advertir cómo se puede luchar contra la propia idiotez, ya que el verdadero bienestar y el bienser despenden de ello. Tal vez, en las distancias cortas que nos permiten la apertura necesaria a los otros, uno pueda descubrir que, como siempre se ha dicho, es más lo que nos une que lo que nos diferencia.

Estaría bien dedicar un tiempo mayor a descubrir con qué argumentos se nos pretende obnubilar, cuáles son las medias verdades o las posverdades que nos alinean del resto de personas con quien compartimos lo esencial: la vida. Quizá el pensamiento crítico, y nunca el único, pueda ayudarnos a dejar siempre un espacio a la duda afable que permite que la verdad pueda ser un destino al que se llegue siempre acompañados y nunca solos.

Cultivar la flexibilidad posibilita la relación necesaria para que podamos ser quienes somos. Nadie se hace solo a sí mismo. Fueron, y son, las relaciones quienes nos hicieron y, sin ellas, es imposible la vida. Cada encuentro nos brinda la posibilidad de entrenar la flexibilidad necesaria para que pueda irrumpir la experiencia del respecto que, por otro lado, sólo es posible cuando la escucha no está limitada por los prejuicios sino que es abierta y atenta.

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